REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA TRIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (1) 31-10-19

“ld a decirle a ese zorro: ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término’”.

La liturgia continúa narrándonos la última subida de Jesús a Jerusalén donde iba a culminar su misión. En el pasaje que se nos presenta hoy (Lc 13,31-35), unos fariseos se le acercaron para decirle: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”.

La persona, pero sobre todo la predicación de Jesús, habían causado un ambiente de tensión. Su suerte estaba echada. Los poderosos habían tomado la decisión de acabar con él; se había convertido en una persona peligrosa a quien había que eliminar. Entre esos estaba Herodes Antipas, quien ya había mandado matar a Juan el Bautista. Este era hijo de Herodes el Grande, quien había ordenado la matanza de los inocentes.

Jesús está consciente de que su tiempo se acaba, pero asume con libertad y valentía las consecuencias de su misión. Por eso le dice a sus interlocutores: “ld a decirle a ese zorro: ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término’ Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

Llama “zorro” a Herodes, un mote ofensivo. El zorro es un animal que, aunque dañino, es miedoso, ataca sus presas bajo el manto de la oscuridad de la noche, y al menor peligro emprende la huida. Está llamado “cobarde” a Herodes. Esa actitud constituye un desafío abierto a la autoridad política de su tiempo. Herodes mostrará su cobardía al no atreverse a matar a Jesús y “endosárselo” a Pilato.

El mensaje que le envía a Herodes es claro y contundente. Él va a seguir adelante con su misión, va a continuar curando enfermos y echando demonios. Así nos está diciendo a los que decidimos seguirle que no podemos dejarnos amedrentar, que tenemos que llevar a cabo nuestra misión con valentía. No hay duda, vamos a encontrar muchos “zorros” en nuestro camino, pero Jesús nos repite constantemente: “No tengas miedo, solamente ten fe” (Mc 5,36).

La siguiente frase de Jesús reconoce la inminencia de su fin: “pasado mañana llego a mi término” (otras traducciones dicen “al tercer día”). Comoquiera no se refiere literalmente a pasado mañana; “pasado mañana” es una traducción de una frase en arameo que quiere decir “en breve” o “dentro de poco”. Jesús sabe que hasta el momento ha cumplido el objetivo de su misión. Tan solo le resta la parte más difícil, la hora final. Por eso apresura su paso para llegar a Jerusalén (“no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”). Allí culminará su misión redentora. Todo está en manos del Padre, a cuya voluntad se entrega. Por eso podrá decir al final: “¡Consummatum est: Todo está cumplido!” (Jn 19,30).

“¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido”. Esta imagen de la gallina clueca nos evoca el “rostro femenino de Dios”, quien como una madre recoge a sus hijos bajo su manto con ternura y les ofrece su protección. Pero lo rechazamos. Preferimos valernos por nosotros mismos (la soberbia), o poner nuestra confianza en los hombres.

Hoy, pidamos al Señor nos brinde la valentía de seguirlo, con la certeza de que nada podrá dañarnos porque Él marcha junto a nosotros.

REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA TRIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (2) 27-10-16

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La liturgia continúa narrándonos la última subida de Jesús a Jerusalén donde iba a culminar su misión. En el pasaje que se nos presenta hoy (Lc 13,31-35), unos fariseos se le acercaron para decirle: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”.

La persona, pero sobre todo la predicación de Jesús, habían causado un ambiente de tensión. Su suerte estaba echada. Los poderosos habían tomado la decisión de acabar con él; se había convertido en una persona peligrosa a quien había que eliminar. Entre esos estaba Herodes Antipas, quien ya había mandado matar a Juan el Bautista. Este era hijo de Herodes el Grande, quien había ordenado la matanza de los inocentes.

Jesús está consciente de que su tiempo se acaba, pero asume con libertad y valentía las consecuencias de su misión. Por eso le dice a sus interlocutores: “ld a decirle a ese zorro: ‘Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término’ Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.

Llama “zorro” a Herodes, un mote ofensivo. El zorro es un animal que, aunque dañino, es miedoso, ataca sus presas bajo el manto de la oscuridad de la noche, y al menor peligro emprende la huida. Está llamado “cobarde” a Herodes. Esa actitud constituye un desafío abierto a la autoridad política de su tiempo. Herodes mostrará su cobardía al no atreverse a matar a Jesús y “endosárselo” a Pilato.

El mensaje que le envía a Herodes es claro y contundente. Él va a seguir adelante con su misión, va a continuar curando enfermos y echando demonios. Así nos está diciendo a los que decidimos seguirle que no podemos dejarnos amedrentar, que tenemos que llevar a cabo nuestra misión con valentía. No hay duda, vamos a encontrar muchos “zorros” en nuestro camino, pero Jesús nos repite constantemente: “No tengas miedo, solamente ten fe” (Mc 5,36).

La siguiente frase de Jesús reconoce la inminencia de su fin: “pasado mañana llego a mi término” (otras traducciones dicen “al tercer día”). Comoquiera no se refiere literalmente a pasado mañana; “pasado mañana” es una traducción de una frase en arameo que quiere decir “en breve” o “dentro de poco”. Jesús sabe que hasta el momento ha cumplido el objetivo de su misión. Tan solo le resta la parte más difícil, la hora final. Por eso apresura su paso para llegar a Jerusalén (“no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”). Allí culminará su misión redentora. Todo está en manos del Padre, a cuya voluntad se entrega. Por eso podrá decir al final: “¡Consummatum est: Todo está cumplido!” (Jn 19,30).

“¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido”. Esta imagen de la gallina clueca nos evoca el “rostro femenino de Dios”, quien como una madre recoge a sus hijos bajo su manto con ternura y les ofrece su protección. Pero lo rechazamos. Preferimos valernos por nosotros mismos (la soberbia), o poner nuestra confianza en los hombres.

Hoy, pidamos al Señor nos brinde la valentía de seguirlo, con la certeza de que nada podrá dañarnos porque Él marcha junto a nosotros.