“Hermanos y hermanas, buenas tardes.
“Saben que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos. Les agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.
(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).
“Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, les pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que ustedes recen para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí….
Ahora daré la Bendición a ustedes y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
(Bendición).
Hermanos y hermanas, les dejo. Muchas gracias por su acogida. Recen por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descansen.”
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¿Cómo será el cónclave?
REFLEXIÓN PARA EL MIÉRCOLES DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA 06-03-13
El pasaje evangélico que contemplamos en la liturgia de hoy (Mt 5,17-19) cobra gran relevancia en este momento histórico donde la Iglesia se apresta a elegir un nuevo pontífice, y se debate públicamente si debe elegirse un papa liberal que rompa con los esquemas tradicionales y atempere la Iglesia al mundo posmodernista, o si debe nombrarse un papa conservador que se mantenga fiel a las tradiciones, instituciones y doctrinas ancestrales de la Iglesia. La pregunta obligada es: ¿Qué nos dice Jesús?
“No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Para los judíos la ley y los profetas constituían la expresión de la voluntad de Dios, la esencia de las Sagradas Escrituras. Jesús era judío; más aún, era el Mesías que había sido anunciado por los profetas. Era inconcebible que viniera a echar por tierra lo que constituía el fundamento de la fe de su pueblo. “No he venido a abolir, sino a dar plenitud”.
Durante su vida terrena Jesús nos dio unos indicadores, como: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Así la Iglesia primitiva tuvo que determinar qué preceptos de la Ley eran de origen divino y cuáles eran hechura de los hombres (como los 613 preceptos de la Mitzvá, que los fariseos habían derivado del decálogo). La Iglesia cristiana tuvo su origen en el judaísmo, en la ley y los profetas del Antiguo Testamento (Antigua Alianza), y dio paso a la Alianza Nueva y Eterna (Nuevo Testamento). ¿Cuáles de aquellas leyes y tradiciones ancestrales había que mantener? ¿Cuáles constituían Ley, y cuáles eran meros preceptos establecidos por los hombres interpretando la Ley?
La Iglesia en sus comienzos tuvo que enfrentar esa disyuntiva; se vio precisada a determinar si tenía que continuar observando la circuncisión, la pureza ritual, la prohibición de comer ciertos alimentos, el sábado, los sacrificios de animales en el Templo, etc. Esas interrogantes propiciaron el Concilio de Jerusalén, alrededor del año 50, y la intervención de Pedro, como pontífice de la Iglesia, a favor de la apertura (Hc 15,4-12). Así, la Iglesia comenzó un proceso de crecimiento que le ha hecho mudar el carapacho varias veces a lo largo de su historia, como lo hacen los crustáceos. Y ha logrado sobrevivir todos los cambios gracias al Espíritu que el mismo Jesús nos dejó, y que la ha guiado para asegurar el cumplimento de la promesa de Jesús al momento de establecer el primado de Pedro, de que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella (Mt 16,18).
El Concilio Vaticano II, convocado por el Beato Juan XXIII por inspiración del Espíritu Santo, representó un “salto cuántico” para nuestra Iglesia, atendiendo al llamado del pontífice para una puesta al día (“aggiornamento”) de la Iglesia. Allí no se abolió la ley ni los profetas, se continuó el proceso de “darle plenitud” a tenor con los “signos de los tiempos”. Pasó casi un siglo entre el Vaticano I, que nunca concluyó (1869-1970), y el Vaticano II (1962-65). La vertiginosidad de los cambios sociales ocurridos desde el Vaticano II, propiciados en parte por la explosión tecnológica y en los medios de comunicación, tal vez ameritan un nuevo intento de “aggiornamento” de la Iglesia.
El Espíritu siempre ha guiado a la Iglesia, especialmente en los momentos más difíciles de su historia. No hay duda, la barca de Pedro está capeando una tormenta. Pidamos al Espíritu que nos envíe un pontífice que capitanee la Barca hacia donde el Dios Uno y Trino quiere, por encima de las presiones de uno u otro grupo.
Conozca los cardenales electores en el cónclave
En este enlace podrá ver las fotos y nombres de los cardenales que estarán participando del cónclave próximo a comenzar. Oremos para el que el Espíritu les acompañe e ilumine.
http://madrugadoresbuenosaires.blogspot.com.ar/2013/03/los-cardenales-electores-para-el.html?m=1
Manténgase informado de las noticias recientes sobre el cónclave
Fuentes de información del Vaticano
Mantente informado de las últimas noticias relacionadas con la “sede vacante” y el cónclave, directamente de las fuentes oficiales. Para otros enlaces de interés, puedes visitar nuestra sección “Enlaces”.
¡Adiós Benedicto!
Sede vacante
Sede vacante…..
UN MILLÓN DE AVEMARÍAS
Acaba de empezar el rezo de un millón de Ave Marías por Benedicto XVI y por la elección del nuevo Papa. Reza tú una también.
REFLEXIÓN PARA EL VIERNES 22-02-13, FIESTA DE LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO
Hoy celebramos la Fiesta litúrgica de la Cátedra de San Pedro. Esta festividad se remonta al siglo IV, y con ella se rinde homenaje al primado y la autoridad de Pedro. La palabra “cátedra” literalmente significa “silla”o “trono”, y se refiere al asiento o trono desde el cual un obispo predica. De esta palabra se deriva también la palabra “catedral”, que es el templo donde ubica la cátedra del obispo de una diócesis. Por ejemplo, el Papa es el obispo de Roma y, como tal, tiene su cátedra en la Archibasílica de San Juan de Letrán, que es la Catedral de Roma.
La festividad que celebramos hoy nos recuerda el ministerio especial que el mismo Jesús encomendó a san Pedro como jefe de los apóstoles de “confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe” (JP II). El llamado “ministerio petrino”, que más que una posición de autoridad es un llamado a servir a todo el pueblo cristiano. Así uno de los títulos que ostenta el Papa, y el que más lo distingue, es “Servus servorum Dei” (Siervo de los siervos de Dios). Un verdadero Pastor que cuida de sus ovejas.
Y a propósito de la festividad, la liturgia nos presenta como primera lectura un pasaje de la primera carta del apóstol san Pedro (5,1-4), dirigido a los presbíteros que vigilan (episkopoúntes = que cumplen la tarea de vigilar; palabra derivada de “epískopos” = vigilante), o sea, a los obispos. Pedro echa mano de la figura del pastor que encontramos en el Antiguo Testamento (e.g. Sal 23), y que Jesús mismo se atribuye (Jn 10,11). Esta figura del pastor vigilante tiene sus raíces en la historia y la tradición del pueblo judío como pueblo nómada. Dios es el Pastor y el pueblo su rebaño. En la misma primera carta, Pedro se refiere a Jesús como “epískopos” (2,25).
Los consejos que Pedro da a los pastores reflejan el espíritu de servicio y entrega con que éstos deben gobernar al pueblo, “no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño”.
La lectura evangélica (Mt 16,13-19) nos presenta el pasaje del primado de Pedro. En este pasaje Jesús instituye a Pedro como cabeza y jefe de la Iglesia: “Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Podríamos dedicar varias reflexiones a analizar y exponer el alcance de estas palabras pronunciadas por Jesús y la autoridad conferida a Pedro mediante las mismas, pero hoy nos limitaremos a señalar que Pedro entendió el alcance de su encomienda a la luz de las enseñanzas del que vino a servir y no a ser servido (Mt 20,28). Así lo refleja en su primera carta que acabamos de leer hoy. Ese mismo espíritu lo recogería siglos más tarde el Papa Gregorio Magno al rechazar el título de “cabeza de la Iglesia” y sustituirlo por “siervo de los siervos de Dios” que subsiste al día de hoy.
Nuestra Iglesia se apresta a elegir un nuevo Papa. Roguemos a Dios que su Santo Espíritu guíe a los cardenales en el cónclave para que elijan el verdadero “Siervo de los siervos de Dios” que nuestra Iglesia necesita.














