REFLEXIÓN PARA EL LUNES DE LA QUINTA SEMANA DEL T.O. (1) MEMORIA DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES 11-02-19

Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora de Lourdes. Dicha advocación mariana surge con motivo de la aparición de Nuestra Señora, la Virgen María, a santa Bernardita Soubirous en Lourdes, Francia en 1858. Además de los muchos milagros atribuidos a la intercesión de la Virgen bajo esta advocación y relacionado con el lugar de las apariciones, esta aparición se destaca por el hecho de que en la decimosexta aparición, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, esta se identificó a sí misma diciéndole a la niña Bernardita: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Apenas cuatro años antes, el papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, hecho que, con los medios de comunicación limitados de la época, era totalmente desconocido para los habitantes de aquella pequeña villa en los Pirineos.

El calendario litúrgico católico celebra la “Festividad de Nuestra Señora de Lourdes” el día de la primera aparición, es decir, el 11 de febrero. Son incontables las curaciones atribuidas a la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, especialmente en peregrinos al santuario que allí se erigió. En 1992, el papa Juan Pablo II instituyó la celebración de la “Jornada Mundial del Enfermo” a realizarse el 11 de febrero de cada año, en memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Por eso hoy en muchas parroquias alrededor del mundo se celebran misas por los enfermos.

Y el Evangelio que nos presenta la liturgia de hoy (Mc 6,53-56), nos muestra a Jesús una vez más curando enfermos: “cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos”.

El poder de la fe. Como hemos dicho en ocasiones anteriores, la fe es el “gatillo” que dispara el poder de Dios. Aquella gente creía, y actuaba conforme a su fe. Creían que con tan solo tocar el borde de su manto sanarían, pero no se conformaban con creer, hacían el esfuerzo hasta tocar el manto, y se obraba el milagro; como la hemorroísa cuyo relato leímos hace poco (Mc 5,25-34), quien se arrastró hasta tocar el manto de Jesús, arriesgándose a ser apedreada si no era sanada. Aquella mujer, por padecer flujos de sangre era considerada “impura” y no podía tocar a ningún hombre, so pena de ser lapidada. Pero tuvo fe, y su fe la curó.

Su Madre María nos conduce a Él y, como en las bodas de Caná, nos dice: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2,5). No basta con creer, hay que “hacer”; y ese hacer se convierte en un “acto de fe” que nos permite ver la gloria de Dios y experimentar su poder sanador. Recordemos que la Santísima Virgen María, de por sí, no puede obrar milagros; ese poder está reservado a su Hijo. Ella es la intercesora por excelencia que nos conduce a la presencia de su Hijo, pero necesitamos del “acto de fe” para recibir el milagro de manos de Él.

¡A Jesús por María!

Memoria de Nuestra Señora de Lourdes 11-02-16

Gruta de Lourdes

Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora de Lourdes. Dicha advocación mariana surge con motivo de la aparición de Nuestra Señora, la Virgen María, a santa Bernardita Soubirous en Lourdes, Francia en 1858. Además de los muchos milagros atribuidos a la intercesión de la Virgen bajo esta advocación y relacionado con el lugar de las apariciones, esta aparición se destaca por el hecho de que en la decimosexta aparición, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, esta se identificó a sí misma diciéndole a la niña Bernardita: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Apenas cuatro años antes, el papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, hecho que, con los medios de comunicación limitados de la época, era totalmente desconocido para los habitantes de aquella pequeña villa en los Pirineos.

El calendario litúrgico católico celebra la “Festividad de Nuestra Señora de Lourdes” el día de la primera aparición, es decir, el 11 de febrero. Son incontables las curaciones atribuidas a la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, especialmente en peregrinos al santuario que allí se erigió. En 1992, el papa san Juan Pablo II instituyó la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo a realizarse el 11 de febrero de cada año, en memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. Por eso hoy en muchas parroquias alrededor del mundo se celebran misas por los enfermos.

Encomendémonos a la protección de Nuestra Señora de Lourdes y pidamos su intercesión para que nos libre de toda enfermedad, especialmente aquellas que afectan nuestro espíritu y nos impiden acercarnos a su Hijo.

Las 3 recomendaciones del Papa Francisco a los que cuidan enfermos

Papa Francisco abraza enfermo

Después de la audiencia general del miércoles, 11 de febrero, con motivo de la 23ª Jornada Mundial del Enfermo, Papa Francisco ha confiado a la Virgen de Lourdes los enfermos del mundo.

En el día que coincide también con la memoria de Nuestra Señora de Lourdes, Francisco recordó la importancia de la “sabiduría del corazón” para servir a los que sufren.

El Pontífice ha dirigido sus palabras a los voluntarios y personas que asisten a las personas enfermas. “Propónganse ser ‘ojos para los ciegos y pies para el cojo’. Queridos enfermos, siéntanse siempre apoyados por la oración de la Iglesia; y vosotros, queridos recién casados, amen la vida que es siempre sagrada, aunque esté marcada por la debilidad y la enfermedad” declaró.

Para la ocasión, presentamos 3 ideas principales del mensaje de la 23ª Jornada Mundial del Enfermo. Un mensaje del pontífice pensado a quienes llevan el peso de la enfermedad, así como a los profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.

Precisamente, el lema de este año 2015: “Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies”, es una expresión del Libro de Job que el Pontífice insta a meditar desde la sabiduría del corazón”. Presentamos, 3 ideas principales del mensaje.

1. “La sabiduría del corazón no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos”. “Es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios”.

2. “La sabiduría del corazón es servir al hermano”. “Hay personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. (…) Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor”.

3. “La sabiduría del corazón es estar con el hermano”. “Que el Espíritu Santo nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados”.