REFLEXIÓN PARA EL VIERNES DE LA TRIGÉSIMA SEGUNDA SEMANA DEL T.O. (2) 11-11-16

corazon

La liturgia de hoy nos presenta como primera lectura un pasaje del libro más corto de la Biblia (2 Jn 4-9), tan corto que ni tan siquiera está dividido en capítulos y tiene apenas trece versículos. La carta está dirigida a una comunidad desconocida, a quien el apóstol se refiere como “Señora elegida”.

Dos temas se tratan en la carta: el mandamiento y primacía del amor, y la importancia de la creencia en la encarnación de Cristo.

Sobre el primero Juan le expresa a la comunidad que no les dice nada nuevo, que meramente desea reiterar “el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros”, y que debe regir nuestra conducta como cristianos. A renglón seguido añade que “amar significa seguir los mandamientos de Dios”. Una fórmula tan sencilla como compleja por sus profundas implicaciones.

El mismo Juan dirá más adelante al escribir su relato evangélico que Jesús resumió todos los mandamientos en uno: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13,34-35). En otras palabras, el que ama cumple todos los mandamientos, pues todos los mandamientos tienen como denominador común el amor; amor a Dios y amor al prójimo.

El segundo tema que plantea Juan en su carta se refiere a los herejes que negaban la encarnación del Verbo (herejía que aún persiste en nuestro tiempo): “Es que han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo”. Juan fue el primero en utilizar la palabra “anticristo” para referirse a aquellos que se oponen o pretenden sustituir a Cristo (Cfr. 1 Jn 2,18; 4,3).

El apóstol enfatiza a los destinatarios de esta carta que todo el que se “propasa” y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios. Esta aseveración es consistente con las palabras que el mismo Juan pone en boca de Jesús en su Evangelio: “Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto. El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn 14,6b-7.9b). Está claro que si Cristo no se hubiera encarnado no habríamos tenido la plena revelación de Dios, que se concretiza cuando “llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley” (Gal 4,4). En otras palabras, solo encontramos a Dios en la “encarnación de Dios”, en Jesucristo.

Gracias Padre, porque te dignaste encarnar a tu Hijo para que conociéndolo a Él llegáramos al conocimiento de tu persona, y de tu infinito amor que has derramado sobre nosotros por el Espíritu Santo que nos has dado (Rm, 5,5).

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Precedencia de celebraciones litúrgicas

Compartimos con ustedes este interesante artículo sobre la precedencia de las celebraciones litúrgicas, cuando coinciden dos o más celebraciones el mismo día.

El mismo está tomado del muro de “Liturgia Papal” en Facebook:  https://www.facebook.com/liturgia.papal.1/

ano-liturgico

Toda vez que el año litúrgico depende del calendario solar, del calendario lunar y de la forma en que se mueven los días por las semanas, puede haber concurrencia de dos celebraciones el mismo día.

Eso se daría cuando un mismo día es domingo del tiempo ordinario y, a la vez, solemnidad de San Pedro y San Pablo. O cuando la solemnidad de la Anunciación cae en Viernes Santo. Son solo dos ejemplos de los muchos que puede haber.

Para resolver estos problemas de concurrencias, la Iglesia ha elaborado una tabla de precedencias entre los días litúrgicos. Se trata de una tabla en la que se enumera del 1 al 13 las posibles celebraciones, apiñadas en tres grupos. Las que son enlistadas en un número inferior tienen precedencia sobre las que están mencionadas en un número superior.

Por ejemplo, si coincide la Solemnidad de San José con el Lunes Santo, tiene precedencia el Lunes Santo porque éste es número 2), mientras que San José es número 3). Pero si San José cae en un viernes de cuaresma, se celebra San José porque es 3), mientras que las ferias de cuaresma son 9).

Otra regla: si un año no puede celebrarse una solemnidad porque concurre con una celebración de mayor grado, la solemnidad debe de celebrarse en el día siguiente que no esté impedido. Por ejemplo, en 2016 la fecha en que habitualmente se celebra la Anunciación del Señor (25 de marzo) cayó en Viernes Santo. Por eso, se trasladó al día siguiente en que no haya impedimento, el 4 de abril, lunes de la II semana de Pascua.

Si no se trata de una solemnidad, la celebración que sea impedida por una de mayor rango se omite.

Les dejo la tabla de precedencias litúrgicas:

Grupo I

1) Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor
2) Natividad del Señor, Epifanía, Ascensión y Pentecostés
Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua
Miércoles de Ceniza
Semana Santa, desde el lunes al jueves, inclusive
Días de la Octava de Pascua
3) Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos inscritas en el Calendario general.
Conmemoración de todos los fieles difuntos
4) Solemnidades propias, a saber:
Solemnidad del patrono principal del lugar, sea pueblo o ciudad
Solemnidad de la dedicación y aniversario de la dedicación de la iglesia propia
Solemnidad del título de la iglesia propia
Solemnidad o del título, o del fundador, o del patrono principal de la Orden o Congregación

Grupo II

5) Fiestas del Señor inscritas en el Calendario general
6) Domingos del tiempo de Navidad y del tiempo ordinario
7) Fiestas de la Santísima Virgen María y de los santos inscritas en el Calendario general
8)Fiestas propias, a saber:
-Fiesta del patrono principal de la diócesis
-Fiesta del aniversario de la dedicación de la iglesia catedral
-Fiesta del patrono principal de la región o provincia, de la nación, de un territorio más extenso
-Fiesta o del título, o del fundador, o del patrono principal de la Orden o Congregación y de la provincia religiosa, quedando a salvo lo prescripto en el número 4
-Otras fiestas propias de alguna iglesia
-Otras fiestas inscritas en el Calendario de cada diócesis, o de cada -Orden o Congregación
9) Las ferias de Adviento desde el día 17 al día 24 inclusive
Días de la octava de Navidad
Las ferias de Cuaresma

Grupo III

10) Memorias obligatorias inscritas en el calendario general
11) Memorias obligatorias propias, a saber:
-Memoria del patrono secundario del lugar, de la diócesis, de la región o provincia, de la nación, de un territorio más extenso, de la Orden o Congregación y de la provincia religiosa
-Otras memorias obligatorias propias de alguna iglesia
-Otras memorias obligatorias inscritas en el Calendario de cada diócesis, o de cada Orden o Congregación
12) Memorias libres
13) Ferias de Adviento hasta el 16 de diciembre, inclusive
Ferias del tiempo de Navidad desde el día 2 de enero al sábado después de Epifanía
Ferias del tiempo pascual desde el lunes después de Octava de Pascua hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive

Ferias del tiempo ordinario

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REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA TRIGÉSIMA SEGUNDA SEMANA DEL T.O. (2) 10-11-16

El reino esta dentro de vosotros

“Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: ‘El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia’” (Mc 4,14-15).

En la lectura evangélica que nos propone la liturgia para hoy (Lc 17,20-25), unos fariseos le preguntaban a Jesús que cuándo iba a llegar el Reino de Dios, a lo que Jesús contestó: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”. Luego se tornó a sus discípulos y les dijo: “Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”.

Les decía esto porque a pesar de todas sus enseñanzas, todavía algunos discípulos tenían la noción de un reino terrenal.  En el relato de la pasión que nos hace Juan, encontramos a Jesús diciendo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo”. Luego, con la culminación del misterio pascual (su pasión, muerte, resurrección y glorificación), pero sobre todo con su resurrección, Jesús vence la muerte e inaugura definitivamente el Reino que había anunciado. Y ese Reino se hace presente en el corazón de todo aquél que le acoge y le recibe como su Rey y salvador.

A la pregunta de si el Reino de Dios está entre nosotros, escuchamos a los teólogos decir: “Ya, pero todavía…” Es decir, ya está entre nosotros (Jesús se encarnó entre nosotros y nos dejó su presencia – Mt 18,20; 28-20), pero todavía le falta, no está completo; está como algunas páginas cibernéticas “en construcción”. Es un Reino, vivo, dinámico, en crecimiento. Y todos estamos llamados a convertirnos en obreros de esa construcción, a trabajar en ese gran proyecto que es la construcción de Reino, que estará consumado el día final, cuando Jesús reine en los corazones de todos los hombres, cuando “como el fulgor del relámpago brille de un horizonte a otro”. Entonces contemplaremos su rostro y llevaremos su nombre sobre la frente, y reinaremos junto a Él por toda la eternidad (Ap 22,4-5).

Y ese reinado, el “gobierno” que Jesús nos propone y nos promete, es uno regido por una sola ley, la ley de amor, en el cual Él, que es el Amor, reina soberano (Cfr. 1Jn 4,1-12).

Hoy debemos preguntarnos: Jesús, ¿reina ya en mi corazón? ¿Estoy haciendo la labor que me corresponde, según mis carismas, en la construcción del Reino?

“Señor Dios nuestro: Tu reino no es un orden establecido y anquilosado, sino algo que está siempre vivo, dinámico y siempre llegando. Haznos conscientes de que encontraremos el reino allí donde te dejemos reinar a ti, donde nosotros y el reino de este mundo demos paso a tu reino, donde dejemos que  tu justicia, amor y paz ocupen el lugar de nuestras torpezas y tropezones” (de Oración Colecta para hoy).

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¡De vuelta a la batalla!

Frente a la Basílica de Santa Sabina, en Roma, sede de la Orden de Predicadores, en donde asistimos a la reunión anual del Consejo Internacional de la Familia Dominicana, junto al Maestro de la Orden.

Frente a la Basílica de Santa Sabina, en Roma, sede de la Orden de Predicadores, en donde asistimos a la reunión anual del Consejo Internacional de la Familia Dominicana, junto al Maestro de la Orden.

Después de cumplir con nuestros compromisos con la Orden de Predicadores (el Consejo Internacional de la Orden), ya estamos de regreso a nuestra “brega” diaria lanzando las redes para “atrapar” almas para el cielo. Doy gracias a Dios por este privilegio, fruto de su gratuidad. Le pido me de la salud y perseverancia para poder continuar cumpliendo con esa encomienda.

Gracias también a ustedes por sus mensajes de aliento.

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REFLEXIÓN PARA LA FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA SAN JUAN DE LETRÁN 09-11-16

Durante mi visita a la Archibasílica de San Juan de Letrán, no pude evitar la tentación de pararme tras el ambón para saber qué se siente...

Durante mi primera visita a la Archibasílica de San Juan de Letrán, no pude evitar la tentación de pararme tras el ambón para saber qué se siente…

Hoy celebramos la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, que constituye la sede de la Cátedra del Papa, en su carácter de Obispo de Roma, es decir, que es la catedral de Roma. La tradición de celebrar esta Fiesta se remonta al siglo XII, y tiene como propósito honrar esa basílica que es llamada “madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe”, por ser, como hemos dicho, la “cátedra de Pedro”.

Las lecturas que la liturgia nos propone hoy, abarcan toda la dimensión de lo que constituye el “templo” para nosotros los cristianos. En el segundo texto que se nos propone como lectura (1 Cor 3,9c-11.16-17) Pablo nos recuerda que nosotros somos el verdadero templo de Dios: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros”. “Vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14,23); “¿No sabéis que sois templo de Dios?”. No hay duda de que Dios está en todas partes, por lo que su presencia no está circunscrita a los templos edificados por manos humanas. Es algo que aprendemos desde la catequesis infantil.

No obstante, ya desde el Antiguo Testamento Dios enseña a su pueblo la importancia de separar una estructura sagrada para congregarnos con el propósito de rendirle el culto de adoración que solo Él merece (la palabra “sagrado” quiere decir “separado”). El mismo Jesús fue presentado en el Templo (Lc 2,22-40), acudía al Templo para observar las fiestas religiosas (Lc 2,41-42; Jn 2,13), y lo encontramos en innumerables ocasiones enseñando en el Templo o en la sinagoga.

En el Evangelio que contemplamos hoy (Jn 2,13-22) se hace patente la importancia que Jesús le reconoce al Templo, y el respeto que le merece, cuando cita el Salmo 69,10: “El celo de tu casa me devora”. Este es el pasaje en que Jesús expulsa por la fuerza a los mercaderes del templo, increpándolos por haber convertido “en un mercado la casa de [su] Padre”. Pero al mismo tiempo reconoce que su cuerpo (del cual todos formamos parte – Cfr. 1 Cor 10,17; 12,12-27; Ef 1,13; 2,16; 3,6; 4, 4.12-16; Col 1,18.24; 2,19; 3,15) es también un templo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.

“El celo de tu casa me devora”. Cada vez que entro en un templo y me encuentro a todo el mundo “socializando” y hablando nimiedades, en voz alta, en presencia de Jesús sacramentado, cuya presencia es reconocida por apenas dos o tres personas, entiendo lo que sintió Jesús cuando volcó las mesas de los cambistas y expulsó a los mercaderes. Entonces voy y me postro ante Él y pido por ellos, y ruego al Señor que al verme, descubran Su presencia en el sagrario y cesen de convertir su Casa en un mercado, que es precisamente lo que el nivel de ruido que se percibe nos evoca.

Hoy, pidamos al Señor que nos permita reconocer nuestros cuerpos como templos suyos, respetándolos como tal, reconocer los templos de nuestra Iglesia como lugares sagrados en los que Él habita también, y comportarnos con el respeto que merecen.

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INTERRUPCIÓN TEMPORAL DE REFLEXIONES

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Por motivo de nuestras obligaciones para con la Orden de Predicadores, estaremos interrumpiendo nuestras reflexiones diarias a partir de mañana. Las reanudaremos, Dios mediante, el próximo miércoles, 9 de noviembre.

Como siempre, les exhortamos a visitar http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas y allí pulsar “Comentario” en la fecha correspondiente para leer una reflexión sobre las lecturas del día.

Les ruego oren por este servidor y por nuestra misión y trabajo para la Orden de Predicadores y nuestra Iglesia.

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REFLEXIÓN PARA EL VIERNES DE LA TRIGÉSIMA PRIMERA SEMANA DEL T.O. (2) 04-11-16

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El texto que nos presenta la lectura evangélica para hoy (Lc 16,1-8), es la primera parte de la llamada parábola del “administrador astuto”, una de esas que nos deja confundidos, pues da la impresión que está premiando la actuación de un administrador corrupto; que se nos está poniendo como ejemplo a una persona inescrupulosa que es capaz de cualquier trampa con tal de salir de un aprieto, al punto de que “el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido”. ¿Cómo podemos compaginar esto con el mensaje de Jesús?

Para ello, como en todo ejercicio serio de exégesis bíblica, tenemos que remitirnos al idioma y entorno cultural de la época que se desarrolla el relato. Veamos.

En aquellos tiempos, el administrador usualmente era un empleado a quien el amo había escogido y adiestrado para ejercer ese cargo. Ese administrador no recibía un salario propiamente, sino una comisión, unos porcientos establecidos para cada renglón de lo administrado. Por eso vemos cómo este administrador astuto altera los recibos de forma distinta con los dos deudores. El amo iba a recibir su dinero íntegro, pues lo que el administrador había “rebajado” a la deuda de cada uno de los deudores era su comisión.

De ese modo, a cambio de renunciar a su comisión, se ganó el favor de unos acreedores que podían contratarle ahora que había quedado desempleado (recordemos que había sido despedido al comienzo del relato). Por eso Jesús dice a sus discípulos: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

Ahora comienza a hacer sentido el relato. No se trata de ser “tramposo”; se trata de saber escoger y, más aun, saber renunciar al dinero, a las riquezas, con tal de obtener un bien o beneficio mayor. ¿Y qué beneficio mayor que el Reino de los Cielos? Este sentido se hace más claro aun cuando examinamos la conclusión del pasaje en el texto que sigue al pasaje que leemos hoy, en donde Jesús termina diciendo a sus discípulos: “Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”.

La palabra utilizada en el texto original que ha sido traducida como “dinero”, es mammón, palabra aramea de origen fenicio que se refiere a aquella riqueza que ejerce tanta influencia sobre la persona al punto que la envilece, la esclaviza al punto de convertirse en un dios. Lo hemos dicho en ocasiones anteriores. El dinero, la riqueza, producto de nuestro trabajo y la bendición de Dios, no son malos. Lo que no podemos permitir es que el dinero, la riqueza, se conviertan en un “dios”, en un obstáculo para seguir a Jesús (Cfr. Mt 19,16-22). “No podéis servir a Dios y al dinero”.

El administrador astuto supo renunciar a su dinero (su comisión) a cambio de ganar un beneficio mayor. Jesús nos propone al administrador astuto como ejemplo para dejarnos saber que aún estamos a tiempo. Si somos astutos, todavía podemos renunciar a lo que “nos toca” de este mundo para obtener una mayor riqueza, que nos “reciban en las moradas eternas”.

Que disfruten de un hermoso fin de semana.

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REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA TRIGÉSIMA PRIMERA SEMANA DEL T.O. (2) MEMORIA OBLIGATORIA DE SAN MARTÍN DE PORRES 03-11-16

He tenido la dicha de orar sobre la tumba de este gran santo en dos ocasiones.

He tenido la dicha de orar sobre la tumba de este gran santo en dos ocasiones.

Una de las características del verdadero discípulo de Jesús que hemos enfatizado en numerosas ocasiones, es la radicalidad del seguimiento. Para el verdadero discípulo de Jesús no puede haber nada más importante que Él. No puede haber nada que se anteponga a Él; nada que “compita” con Él; nada que sea un obstáculo entre Él y nosotros.

En la primera lectura de hoy (Fil 3,3-8a) san Pablo comienza por describirse a sí mismo, y la posición privilegiada que ocupaba dentro del esquema social y religioso del pueblo judío: “circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo por los cuatro costados y, por lo que toca a la ley, fariseo; si se trata de intransigencia, fui perseguidor de la Iglesia, si de ser justo por la ley, era irreprochable”. A lo que yo añadiría que Saulo de Tarso venía de una familia de comerciantes acaudalada y, no solo era fariseo, sino que había estudiado en la escuela del maestro de fariseos más prestigioso de su época, llamado Gamaliel.

Pablo venía de un ambiente religioso basado en medios humanos, en el estricto cumplimiento de unas reglas de conducta, en unos “títulos”. Sin embargo, cuando tuvo aquél encuentro personal con Jesús en el camino a Damasco, su vida cambió. Lo abandonó todo por el Reino. “Todo eso que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”.

No hay duda que Pablo está siguiendo el modelo evangélico del perfecto discípulo que nos presenta Jesús. Una vez conocemos a Jesús y optamos por el Reino, ya no hay marcha atrás (Cfr. Lc 9,62); no puede haber nada más importante. Todos los “valores” de este mundo son inútiles para nuestra salvación y, más aún, pueden convertirse en obstáculos. Por eso tenemos que estar dispuestos a desprendernos de ellos, dejarlos atrás, como el exceso de carga que se arroja por la borda del buque a punto de zozobrar para poder mantenerlo a flote. “Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”…

Hoy la Iglesia en Puerto Rico celebra la memoria de San Martín de Porres.  Celebrar la persona y la vida de tan insigne santo de la Orden de Predicadores (Dominicos), que supo forjar su santidad desde la humildad y la humillación, haciéndose de ese modo grande ante los ojos de Dios, nos invita a hacer introspección de nuestra propia vida.

Contrario a Saulo de Tarso, San Martín de Porres no pertenecía a la clase privilegiada; era un mulato bastardo que ingresó en la Orden de Predicadores (Dominicos) aún a sabiendas de que por su raza y condición social nunca se le permitiría ordenarse sacerdote, y ni tan siguiera ser fraile lego. Al entrar en la Orden lo hizo como “aspirante conventual sin opción al sacerdocio”, “donado”, realizando las labores más serviles en su comunidad. Martín sintió el llamado y no permitió que nada se interpusiera entre el seguimiento de ese llamado y él. Allí vivió una vida de obediencia, humildad, espiritualidad, castidad y entrega total al prójimo que le ganaron el respeto de todos y le hicieron acreedor a la santidad.

¡San Martín de Porres, ruega por nosotros!

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REFLEXIÓN PARA LA CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS 02-11-16

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Hoy celebramos la conmemoración de todos los fieles difuntos, y uno de los Evangelios que nos propone la liturgia para hoy es Jn 14,1-6. Jesús sabe que su fin está cerca y quiere preparar a sus discípulos o, más bien, consolarlos, brindarles palabras de aliento. La mentalidad judía concebía el cielo como un lugar de muchas estancias o habitaciones. Pero Jesús le añade un elemento adicional: esas “estancias” están en la casa del Padre (“En la casa de mi Padre hay muchas estancias”), y esa casa es “su Casa” (más adelante, en los versículos 9 al 11 del mismo capítulo, les confirmará la identidad existente entre el Padre y Él).

Pero Jesús va más allá. Les promete que va a “prepararles” un lugar, y que cuando esté listo va a volver para llevarles con Él a la Casa del Padre (“volveré y os llevaré conmigo”). Es decir, no los va a abandonar; meramente va a prepararles un lugar, “para que donde estoy yo, estéis también vosotros”. Sabemos que el cielo no es un lugar, sino más bien un estado de ser, un estar ante la presencia de Dios y arropados por su Amor por toda la eternidad. Jesús nos hace partícipes de su naturaleza divina, y nos permite hacerlo desde “ya”, como un anticipo de lo que nos espera en la vida eterna (Cfr. Gál 2,20).

Antes de irse, Jesús nos dejó un “mapa” de cómo llegar a la Casa del Padre. Cuando Él les dice a los discípulos que “adonde yo voy, ya sabéis el camino”, y Tomás le pregunta que cómo pueden saber el camino, Jesús pronuncia uno de los siete “Yo soy” (Cfr. Ex 3,14) que encontramos en el Evangelio según san Juan: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. La fórmula es sencilla. Para llegar a la Casa del Padre hay un solo camino: Jesús.

En esta conmemoración de los fieles difuntos la Iglesia nos invita a orar por aquellos que han muerto y que se encuentran en el Purgatorio, es decir, todos aquellos que mueren en gracia y amistad de Dios pero que tienen alguna que otra “mancha” en su túnica blanca. La Iglesia nos enseña que con nuestras oraciones podemos ayudar a ese proceso de “purificación” que tienen que pasar antes de poder pasar a formar parte de aquella “muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”, que nos presentaba la liturgia de ayer (Ap 7,9). Esta tradición de orar por los difuntos la deriva la Iglesia del segundo libro de los Macabeos, en el que Judas Macabeo “mandó ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2 Mac. 12, 46).

Hoy, elevemos una plegaria por todos los seres queridos que nos ha precedido, para que el Señor en su infinita misericordia perdone aquellas faltas que por su fragilidad humana puedan haber cometido, pero que no les hacen merecedores del castigo eterno, de manera que puedan comenzar a ocupar esa “estancia” que Jesús les tiene preparada en la Casa del Padre.

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Eucaristía y Adoración del Santísimo, acompañados por el cantautor católico Quique López 03-11-16

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Este jueves, 3 de noviembre a las 6:30 P.M., acompañemos a los hermanos del Grupo de Oración de nuestra Parroquia El Buen Pastor, de Guaynabo que oran por todos nosotros y por nuestros sacerdotes, en esta celebración tan especial.

La Adoración del Santísimo contará de la voz del cantautor católico Quique López.

Todo el Pueblo de Dios está cordialmente invitado a compartir con nuestra comunidad.

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