REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA SEXTA SEMANA DE PASCUA 12-05-18

La primera lectura de la liturgia para hoy (Hc 18,23-28) nos presenta a Pablo emprendiendo su tercer viaje misionero. Nos dice el relato que recorrió Galacia y Frigia “animando a los discípulos”. Pablo, el evangelizador incansable. “¡Ay de mí si no evangelizo!” (1 Cor 9,16). Desde su encuentro con el Resucitado en el camino a Damasco, donde fue inundado por el Amor infinito de Jesús (que es a su vez el amor del Padre, y que entre ambos dan vida al Espíritu Santo), no ha tenido otra misión en la vida que compartir ese amor con todo el que se cruza en su camino. Y esa tiene que ser la misión de todo bautizado, de todo el que ha tenido un encuentro personal con Jesús (Cfr. Mc 15,15).

Se trata de esa alegría desbordante producto de saberse amado; un gozo que se nos sale por los poros y que todo el que se nos acerca la nota, y quiere “de eso”. La mejor y más efectiva evangelización. El papa Francisco nos ha dicho que “el gozo del cristiano no es la alegría que proviene de un momento, sino un don del Señor que llena el interior”. Se trata de un gozo que, según sus palabras, “es como ‘una unción del Espíritu y se encuentra en la seguridad de que Jesús está con nosotros y con el Padre’”.

Y esa alegría, la verdadera alegría del cristiano, no es algo para quedárnoslo; tenemos que compartirla, porque, como nos dice el papa Francisco, “si queremos tenerlo solo para nosotros al final se enferma y nuestro corazón se encoge un poco, y nuestra cara no transmite aquel gran gozo sino aquella nostalgia, aquella melancolía que no es sana”.

Pablo irradiaba ese “enamoramiento” que todo cristiano debe sentir al caminar acompañado de su Amado. Ese fue el secreto de su éxito. Y a ti, ¿se te nota?

Pero la lectura va más allá, luego de mostrarnos a Pablo partiendo de misión, nos presenta la figura de Apolo, judío natural de Alejandría y llegado de Éfeso. Aunque solo conocía el bautismo de Juan, había sido expuesto a la vida y doctrina de Jesús, la cual exponía públicamente en la sinagoga. Cuando Priscila y Aquila oyeron hablar de Apolo, “lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”, es decir, ayudaron en su formación. De ahí salió a continuar predicando, pero ahora con mayor corrección doctrinal.

Este detalle nos muestra otra característica que debe tener todo bautizado que haya tenido es encuentro personal con Jesús: No solo tenemos el deber de formarnos y evangelizar a otros, sino que en la medida de nuestras capacidades tenemos la obligación de formar a otros para que lleven el mensaje correcto, para que estos, a su vez, formen a otros. Así es como la tradición apostólica, aquella predicación de las primeras comunidades cristianas, ha perdurado a través de la historia y llegado hasta nosotros. De ahí mi insistencia en la formación del Pueblo de Dios, aún a costa de grandes sacrificios.

La Iglesia es misionera, evangelizadora, por definición. Si no “sale” a predicar el Evangelio se estanca, se enferma, se encoge, y termina desapareciendo (Evangelii Nuntiandi – Pablo VI). ¿Y quiénes conforman la Iglesia? Nosotros, el “Pueblo de Dios” (Lumen Gentium, 9-12). ¡Anda! ¿Qué estás esperando?

REFLEXIÓN PARA EL MIÉRCOLES DE LA DÉCIMO CUARTA SEMANA DEL T.O. (1) 12-07-17

La lectura evangélica que nos brinda la liturgia de hoy (Mt 10,1-7) es el comienzo del llamado discurso misionero, o de envío, de Jesús a sus apóstoles que ocupa todo capítulo 10 del Evangelio según san Mateo. El pasaje que Mateo nos presenta hoy es el envío de los “doce”; de aquellos que van a compartir con Él la responsabilidad de llevar a cabo y continuar la misión que el Padre le había encomendado (Cfr. Mt 9,35; Lc 4,43).

Por eso nos dice la Escritura que en primer lugar, “llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Les delegó su autoridad. Los primeros obispos. El primer signo de la Iglesia apostólica.

Luego Mateo se toma el trabajo de mencionarlos a todos por su nombre. Ya no se trata de un grupo anónimo de setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9). Se trata de los “doce”, a quienes Mateo llama “apóstoles” al identificarlos por sus nombres. Estos son aquellos a quienes Jesús, luego de pasar una noche entera en oración, escogió de entre sus discípulos para que continuaran Su misión, llamándoles apóstoles (Lc 6,12-13).

Luego de delegarles su autoridad, comenzó a darles las instrucciones, la primera de las cuales la recoge la lectura de hoy: “No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca”.

Recordemos que Mateo escribió su relato evangélico para los judíos de Palestina convertidos al cristianismo, para demostrar que Jesús era el Mesías anunciado por los profetas; que en el Él se cumplían todas las profecías y promesas del Antiguo Testamento. Por eso Mateo enfatiza que Jesús envió a los apóstoles en primera instancia a proclamar el anuncio del Reino al pueblo judío, que ellos entendían era el recipiente de todas esas promesas.

Es decir, que a pesar de que luego de su Resurrección nos diría que su mensaje liberador iba dirigido a toda la humanidad (Mt 28,19), instando a los apóstoles a ir a hacer discípulos a todas las naciones, decidió “comenzar por la casa”.

Si examinamos nuestra Iglesia, vemos que, al igual que aquellos primeros apóstoles, debemos comenzar evangelizando, formando a los “nuestros”, antes que a los “de afuera”. Fortalecer nuestra Iglesia para entonces poder llevar nuestra misión evangelizadora a todas las gentes. De ahí nuestra insistencia en la formación de nuestra feligresía; personas cuya fe se “enfría” y terminan alejándose, por desconocimiento de la riqueza de nuestra tradición, nuestra liturgia y, sobre todo, de los fundamentos bíblicos de nuestra Iglesia, la única fundada por Jesucristo. Personas que se “aburren” en nuestras celebraciones litúrgicas, sencillamente porque desconocen lo que está ocurriendo. No se puede amar lo que no se conoce.

Todos estamos llamados a evangelizar. Pero vayamos primeramente “a las ovejas descarriadas” de nuestra Iglesia. Comencemos pues, al igual que “los doce”, por nuestra familia, nuestra comunidad parroquial, especialmente los que se han alejado…

REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA SEXTA SEMANA DE PASCUA 27-05-17

 

La primera lectura de la liturgia para hoy (Hc 18,23-28) nos presenta a Pablo emprendiendo su tercer viaje misionero. Nos dice el relato que recorrió Galacia y Frigia “animando a los discípulos”. Pablo, el evangelizador incansable. “¡Ay de mí si no evangelizo!” (1 Cor 9,16). Desde su encuentro con el Resucitado en el camino a Damasco, donde fue inundado por el Amor infinito de Jesús (que es a su vez el amor del Padre, y que entre ambos dan vida al Espíritu Santo), no ha tenido otra misión en la vida que compartir ese amor con todo el que se cruza en su camino. Y esa tiene que ser la misión de todo bautizado, de todo el que ha tenido un encuentro personal con Jesús (Cfr. Mc 15,15).

Se trata de esa alegría desbordante producto de saberse amado; un gozo que se nos sale por los poros y que todo el que se nos acerca la nota, y quiere “de eso”. La mejor y más efectiva evangelización. El papa Francisco nos ha dicho que “el gozo del cristiano no es la alegría que proviene de un momento, sino un don del Señor que llena el interior”. Se trata de un gozo que, según sus palabras, “es como ‘una unción del Espíritu y se encuentra en la seguridad de que Jesús está con nosotros y con el Padre’”.

Y esa alegría, la verdadera alegría del cristiano, no es algo para quedárnoslo; tenemos que compartirla, porque, como nos dice el papa Francisco, “si queremos tenerlo solo para nosotros al final se enferma y nuestro corazón se encoge un poco, y nuestra cara no transmite aquel gran gozo sino aquella nostalgia, aquella melancolía que no es sana”.

Pablo irradiaba ese “enamoramiento” que todo cristiano debe sentir al caminar acompañado de su Amado. Ese fue el secreto de su éxito. Y a ti, ¿se te nota?

Pero la lectura va más allá, luego de mostrarnos a Pablo partiendo de misión, nos presenta la figura de Apolo, judío natural de Alejandría y llegado de Éfeso. Aunque solo conocía el bautismo de Juan, había sido expuesto a la vida y doctrina de Jesús, la cual exponía públicamente en la sinagoga. Cuando Priscila y Aquila oyeron hablar de Apolo, “lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”, es decir, ayudaron en su formación. De ahí salió a continuar predicando, pero ahora con mayor corrección doctrinal.

Este detalle nos muestra otra característica que debe tener todo bautizado que haya tenido es encuentro personal con Jesús: No solo tenemos el deber de formarnos y evangelizar a otros, sino que en la medida de nuestras capacidades tenemos la obligación de formar a otros para que lleven el mensaje correcto, para que estos, a su vez, formen a otros. Así es como la tradición apostólica, aquella predicación de las primeras comunidades cristianas, ha perdurado a través de la historia y llegado hasta nosotros. De ahí mi insistencia en la formación del Pueblo de Dios, aún a costa de grandes sacrificios.

La Iglesia es misionera, evangelizadora, por definición. Si no “sale” a predicar el Evangelio se estanca, se enferma, se encoge, y termina desapareciendo (Evangelii Nuntiandi – Pablo VI). ¿Y quiénes conforman la Iglesia? Nosotros, el “Pueblo de Dios” (Lumen Gentium, 9-12). ¡Anda! ¿Qué estás esperando?

Gotitas del saber: ¿Sabes lo que quieren decir las iniciales IHS?

Los católicos estamos acostumbrados a ver las iniciales “IHS” en ornamentos, vestimentas litúrgicas, sagrarios, y toda clase de objetos sagrados, incluyendo imágenes y hasta en estructuras como templos. Pero muy pocos saben lo que significan esas iniciales tan familiares.

Pues bien, “IHS” es en monograma el nombre de Jesucristo.

Las tres primeras letras de la palabra “Jesús” en griego son: IHC. Estas se transliteraron al latín como IHS.

Sentido latino:
“I”: Iesus (Jesús), “H”: Hominum (de los hombres), “S”: Salvator (Salvador) =  Jesús, Salvador de los hombres.  Aunque esta no representa el significado original griego, felizmente se refiere y honra al mismo Jesucristo.

El monograma adquirió popularidad con San Bernardo (siglo XII) quien insistió mucho en la devoción al Santo Nombre de Jesús, y en el siglo XIV con el beato Juan Colombini (d. 1367).

San Vicente Ferrer (d. 1419) y San Bernardino de Siena (d. 1444) adoptaron este símbolo. San Ignacio de Loyola adoptó el monograma en su sello como general de los jesuitas (1541), por lo que se convirtió en el emblema de la orden.

Tomado de: http://www.corazones.org/diccionario/ihs.htm

Precedencia de celebraciones litúrgicas

Compartimos con ustedes este interesante artículo sobre la precedencia de las celebraciones litúrgicas, cuando coinciden dos o más celebraciones el mismo día.

El mismo está tomado del muro de “Liturgia Papal” en Facebook:  https://www.facebook.com/liturgia.papal.1/

ano-liturgico

Toda vez que el año litúrgico depende del calendario solar, del calendario lunar y de la forma en que se mueven los días por las semanas, puede haber concurrencia de dos celebraciones el mismo día.

Eso se daría cuando un mismo día es domingo del tiempo ordinario y, a la vez, solemnidad de San Pedro y San Pablo. O cuando la solemnidad de la Anunciación cae en Viernes Santo. Son solo dos ejemplos de los muchos que puede haber.

Para resolver estos problemas de concurrencias, la Iglesia ha elaborado una tabla de precedencias entre los días litúrgicos. Se trata de una tabla en la que se enumera del 1 al 13 las posibles celebraciones, apiñadas en tres grupos. Las que son enlistadas en un número inferior tienen precedencia sobre las que están mencionadas en un número superior.

Por ejemplo, si coincide la Solemnidad de San José con el Lunes Santo, tiene precedencia el Lunes Santo porque éste es número 2), mientras que San José es número 3). Pero si San José cae en un viernes de cuaresma, se celebra San José porque es 3), mientras que las ferias de cuaresma son 9).

Otra regla: si un año no puede celebrarse una solemnidad porque concurre con una celebración de mayor grado, la solemnidad debe de celebrarse en el día siguiente que no esté impedido. Por ejemplo, en 2016 la fecha en que habitualmente se celebra la Anunciación del Señor (25 de marzo) cayó en Viernes Santo. Por eso, se trasladó al día siguiente en que no haya impedimento, el 4 de abril, lunes de la II semana de Pascua.

Si no se trata de una solemnidad, la celebración que sea impedida por una de mayor rango se omite.

Les dejo la tabla de precedencias litúrgicas:

Grupo I

1) Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor
2) Natividad del Señor, Epifanía, Ascensión y Pentecostés
Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua
Miércoles de Ceniza
Semana Santa, desde el lunes al jueves, inclusive
Días de la Octava de Pascua
3) Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos inscritas en el Calendario general.
Conmemoración de todos los fieles difuntos
4) Solemnidades propias, a saber:
Solemnidad del patrono principal del lugar, sea pueblo o ciudad
Solemnidad de la dedicación y aniversario de la dedicación de la iglesia propia
Solemnidad del título de la iglesia propia
Solemnidad o del título, o del fundador, o del patrono principal de la Orden o Congregación

Grupo II

5) Fiestas del Señor inscritas en el Calendario general
6) Domingos del tiempo de Navidad y del tiempo ordinario
7) Fiestas de la Santísima Virgen María y de los santos inscritas en el Calendario general
8)Fiestas propias, a saber:
-Fiesta del patrono principal de la diócesis
-Fiesta del aniversario de la dedicación de la iglesia catedral
-Fiesta del patrono principal de la región o provincia, de la nación, de un territorio más extenso
-Fiesta o del título, o del fundador, o del patrono principal de la Orden o Congregación y de la provincia religiosa, quedando a salvo lo prescripto en el número 4
-Otras fiestas propias de alguna iglesia
-Otras fiestas inscritas en el Calendario de cada diócesis, o de cada -Orden o Congregación
9) Las ferias de Adviento desde el día 17 al día 24 inclusive
Días de la octava de Navidad
Las ferias de Cuaresma

Grupo III

10) Memorias obligatorias inscritas en el calendario general
11) Memorias obligatorias propias, a saber:
-Memoria del patrono secundario del lugar, de la diócesis, de la región o provincia, de la nación, de un territorio más extenso, de la Orden o Congregación y de la provincia religiosa
-Otras memorias obligatorias propias de alguna iglesia
-Otras memorias obligatorias inscritas en el Calendario de cada diócesis, o de cada Orden o Congregación
12) Memorias libres
13) Ferias de Adviento hasta el 16 de diciembre, inclusive
Ferias del tiempo de Navidad desde el día 2 de enero al sábado después de Epifanía
Ferias del tiempo pascual desde el lunes después de Octava de Pascua hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive

Ferias del tiempo ordinario

REFLEXIÓN PARA EL LUNES DE LA VIGÉSIMA QUINTA SEMANA DEL T.O. (2) 19-09-16

candelero

El pasaje del Evangelio que nos propone la liturgia para hoy (Lc 8,16-18) es uno de los más cortos: “En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener»”.

Hoy nos concentraremos en la primera oración de esta parábola de Jesús: “Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz”. La enseñanza de Jesús contenida en esta parábola complementa otras mediante las cuales de igual modo Jesús invita a sus discípulos (y a nosotros) a compartir la Palabra recibida de Él. Así nos habla de dar “fruto en abundancia”, el “ciento por uno”; y hoy nos habla de ser una luz que ilumine a “los que entran”, es decir, a todos los que entran en nuestro entorno.

Jesús nos está repitiendo que la Palabra de vida eterna (el candil) que recibimos de Él no es para que nos la quedemos para nosotros, como un secreto bien guardado (escondiéndolo debajo de la cama), es para que la proclamemos a todo el mundo (Mc 16,15). Y como he dicho en innumerables ocasiones, esa proclamación de la Buena Nueva del Reino que recibimos mediante la Palabra, no necesariamente implica “predicar” en el sentido que normalmente usamos esa palabra. Esa predicación, esa proclamación del Evangelio, se hace mediante la forma en que vivimos nuestra vida, nuestras palabras de aliento al que las necesita, nuestros gestos de ayuda al necesitado, el amor que prodigamos a nuestros semejantes, es decir, convirtiéndonos en otros “cristos”.

Hoy tenemos que preguntarnos: Mi fe, ¿es un asunto “personal” mío?; ¿llegan a enterarse los que me rodean (mis amigos, familiares, compañeros de trabajo, vecinos) que yo soy cristiano, que vivo según las enseñanzas de Jesús? En otras palabras, ¿“se me nota” que soy cristiano? Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, mi “candil”, ¿está escondido dentro de una vasija u oculto debajo de la cama, o lo pongo “en el candelero para que los que entran tengan luz”?

Jesús nos pide que estemos atentos (“A ver si me escucháis bien”). Porque no podemos dar luz si primero no la hemos recibido de Él. Hay una máxima latina que dice que nadie puede dar lo que no tiene (nemo dat quod non habet). Por eso mi insistencia constante en la formación del cristiano. Debemos esforzarnos en estudiar para conocer cada día más esa Palabra de Dios que es “luz del mundo” (Jn 8,12). Solo recibiendo y conociendo a plenitud esa Palabra que es la Luz, podemos colocarla en un “candelero”, “para que los que entran tengan luz”.

Pidámosle al Señor que nos permita conocer su Palabra cada día más, y nos dé la valentía de proclamarla con nuestra vida, de manera que el que nos vea tenga que decir: “Yo quiero de eso…”

Que pasen una hermosa semana llena de la PAZ que solo Él puede brindarnos.

Nuevos cursos Instituto Fray Luis Cáncer, O.P.

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Aprovecha esta oportunidad para seguir formándote. El Instituto Fray Luis Cáncer, O.P., estará ofreciendo tres cursos cortos de siete sesiones este semestre.

Este servidor estará a cargo del curso Apariciones Marianas del Siglo XX, todos los lunes de 7:00 a 8:30 PM., en el salón parroquial de la Parroquia Invención de la Santa Cruz (Plaza de Bayamón). El salón está ubicado en la parte de atrás del templo parroquial (Calle Degetau #12).

Los otros cursos se ofrecerán en las facilidades del Centro de Estudios de los Dominicos del Caribe (CEDOC), al lado del Convento Nuestra Señora del Rosario, Calle Capitán Correa N-27, Reparto Flamingo, Bayamón.

El costo de matrícula es $30.00 por curso. Se ofrecerá certificado.

REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA VIGÉSIMO PRIMERA SEMANA DEL T.O. (2) 27-08-16 (MEMORIA OBLIGATORIA DE SANTA MÓNICA)

Parabola de los talentos

“Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes”, y luego se marchó. Así comienza la “parábola de los talentos” que nos presenta la liturgia de hoy (Mt 25,14-30). A cada uno le dejó talentos según su capacidad; a uno cinco, a otro dos, y a otro uno. Al final de la parábola vemos que “al cabo de mucho tiempo” el hombre regresó a pedir cuentas a cada uno sobre qué había hecho con los talentos que le había encomendado. Siempre me ha llamado la atención el uso en esta parábola de la moneda muy valiosa llamada “talento” (equivalente a más o menos 6,000 dracmas), la misma palabra que utilizamos para describir los dones, los carismas, las habilidades que Dios nos ha prodigado.

La figura del hombre que se va a extranjero nos evoca la persona de Jesús, quien luego de su gloriosa resurrección, nos dejó a cargo de “sus bienes” (“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura” – Mc 16,15), para regresar en el último día, cuando tendremos que rendir cuentas sobre nuestra gestión aquí en la tierra.

Y Dios, que es justo, nunca nos va a exigir más de lo que podemos dar (“a cada cual según su capacidad”), pero la parábola nos está diciendo que tenemos que dar el máximo, utilizar esos talentos que Dios nos ha encomendado para la gran obra de la construcción de Reino. La actitud del que, temeroso, escondió la moneda para no perderla, nos apunta a otra exigencia. No podemos “sentarnos” sobre nuestros talentos para no arriesgarnos a perderlos. No. Tenemos que estar dispuestos a arriesgarlo todo por el Reino. No arriesgar nada equivale a no ganar nada. Se nos ha encomendado la semilla del Reino. Si nos conformamos con guardarla en nuestro corazón y no salimos a sembrarla por temor a que no dé fruto, estaremos obrando igual que el empleado que hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Por eso insisto tanto en que tenemos que formarnos para que podamos formar a otros.

Como hemos dicho en innumerables ocasiones, evangelizar, “invertir” los bienes que el Señor nos ha encomendado no quiere decir que todos tenemos que salir a predicar de palabra el evangelio por campos y ciudades. El Señor es claro: “a cada cual según su capacidad”. Hay muchas formas de predicar la Buena Nueva del Reino, siendo nuestro ejemplo de vida, arriesgándonos a la burla y al discrimen, la mejor de ellas. Hoy tenemos que preguntarnos: ¿Cuáles son mis talentos que puedo poner al servicio del prójimo para adelantar la causa del Reino? Cantar, acompañar enfermos, cocinar, limpiar, barrer, leer, enseñar…. Cuando regrese el “Señor”, ¿qué cuentas voy a rendir?

En esta parábola encontramos nuevamente la figura del “banquete” como premio para el que ha sabido administrar sus talentos, y las tinieblas y el “llanto y el rechinar de dientes” para el que no lo ha hecho. Y tú, ¿a dónde quieres ir?

Hoy celebramos la memoria obligatoria de Santa Mónica, madre de San Agustín. Este, a pesar de tener una madre santa, llevaba una vida licenciosa que le hacía hundirse cada día más profundamente en el pecado, llegando a incurrir en herejía. Gracias a las oraciones de su madre, quien supo reconocer los talentos que el Señor le había dado a su hijo, Agustín logró ver sus errores y poner sus talentos al servicio de la Iglesia, llegando a convertirse en uno de los “Santos Padres”, reconocido también como “doctor de la Iglesia”.

Buen fin de semana a todos, y no olviden visitar la Casa del Padre.

Calendario y programa académico de ISTEPA agosto-diciembre 2016

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Queridos hermanos: Siguiendo estos enlaces podrán descargar el programa de clases y calendario académico de ISTEPA para este próximo semestre académico.

https://www.dropbox.com/s/hmymc42gftska53/Programa%20Agosto-2016.pdf?dl=0​

https://www.dropbox.com/s/g1sjiz7u1ahlglx/Calendario%20Agosto%202016.pdf?dl=0