¿Qué normas debe respetar un fotógrafo durante la santa Misa?

© Flickr/Romain Ballez/Creative Commons

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Interesantísimo artículo sobre un tema pocas veces abordado. Les invito a seguir el enlace y leerlo en su totalidad.

“Un lector de Aleteia pregunta: ¿cómo hay que comportarse en la iglesia cuando se deben hacer fotografías o grabaciones en vídeo durante una liturgia? ¿Hay normas particulares que respetar?

“Habría que tener presentes tres aspectos, explica Enrico Finotti, liturgista y coordinador de la revista italiana Liturgia “Culmen et Fons”. … [continuar leyendo]

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Vaticano lanza libro digital por el segundo aniversario del Papa Francisco

Francisco_Libro2Pontificado

VATICANO, 17 Mar. 15 / 10:05 pm (ACI).- El Vaticano ha publicado recientemente un libro digital con ocasión del segundo aniversario de Pontificado del Papa Francisco: toda una colección de imágenes a color de las diferentes actividades del Pontífice con sus frases más relevantes. Algo que los católicos no deben dejar de ver.

“Por favor, no se olviden de rezar por mí”, con esta súplica que el Sucesor de San Pedro realiza constantemente inicia el compendio de 58 fotos y frases en 60 páginas, realizado por el Servicio de Internet del Vaticano – Dirección de las Telecomunicaciones.

Dentro de las imágenes seleccionadas están las del viaje del Santo Padre a Turquía, Corea y Filipinas, así como el encuentro que ha tenido el Papa con diversos fieles en la Plaza San Pedro o audiencias.

No es la primera vez que el Vaticano pone a disposición de los usuarios este tipo de material. El año pasado también compartió otro libro virtual por el primer aniversario del Papa Francisco como Vicario de Cristo, desde la elección del Pontífice el 13 de marzo de 2013.

El libro está disponible en: http://w2.vatican.va/content/vatican/it/special/2015/2-anniversary.html#/page/1

Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/web-vaticano-lanza-libro-digital-por-el-segundo-aniversario-del-papa-francisco-48172/

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REFLEXIÓN PARA EL MIÉRCOLES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA 18-03-15

amor de Dios

La liturgia para este miércoles de la cuarta semana de cuaresma comienza presentándonos una vez más la contraposición entre las tinieblas y la luz, pero esta vez por voz del profeta Isaías (49,8-15): “En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: ‘Salid’, a los que están en tinieblas: ‘Venid a la luz’”.

Este pasaje, tomado del “Segundo Isaías” o Libro de la consolación, y escrito por un profeta anónimo durante el exilio en Babilona, pretende consolar y alentar al pueblo, anunciándoles un segundo éxodo de vuelta a Jerusalén. De paso, su oráculo prefigura la llegada del Mesías tan esperado por el pueblo de Israel, con las palabras que serán tomadas por Juan Bautista y que resuenan al comienzo del Adviento: “Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán” (Cfr. Lc 3,4-5).

Esta primera lectura termina con uno de los versículos más tiernos del Antiguo Testamento y de toda a Biblia: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”. Tan grande es el amor de Dios por cada uno de nosotros. Un amor que tiene más rasgos de amor materno que paterno. De hecho, si examinamos el Antiguo Testamento libres de las “gríngolas” de la tradición patriarcal del pueblo judío (y heredada por nosotros), encontramos que pocas veces se refiere a Dios como “padre”, y las veces que lo hace, es como sinónimo de “Señor”.

Por el contrario, sobre todo cada vez que habla del amor y la misericordia divinos, lo hace con rasgos maternales, como lo hace en el pasaje que contemplamos hoy, y en otro que no puedo dejar de mencionar; el pasaje de Oseas (11,1.3-4) que nos presenta a un Dios-Madre que se inclina sobre su hijo para amamantarlo: “Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer”.

Esto nos remite al vocablo hebreo utilizado en el Antiguo Testamento para definir la “misericordia” (Cfr. Salmo 50): rah min, que en su raíz se deriva de la palabra rehem, que se refiere a la matriz o el útero materno. De ahí las continuas referencias al amor de Dios por el “hijo de sus entrañas”, especialmente en la literatura profética. Se trata de un amor gratuito, no fruto de ningún mérito de nuestra parte. Dios nos ama a cada uno de nosotros tal y como somos, como solo una madre puede hacerlo, con todos nuestros pecados, nuestras miserias. Por eso quiere nuestra salvación, por eso nos espera como el padre del hijo pródigo (Lc 15,11-32) para fundirse con nosotros en un abrazo, que tal parece quisiera llevarnos de vuelta al rehem de donde salimos.

Señor, durante esta Cuaresma, inunda todo mi ser con tu Santo Espíritu, para que pueda sentir ese amor incondicional que me haga arrepentirme de todos mis pecados y postrarme ante Ti con la certeza de que “un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias” (Sal 50,19).

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Papa Francisco: sed misericordiosos, no cerréis las puertas de la Iglesia

Papa Francisco con niño

“La Iglesia ‘es la casa de Jesús’, una casa de misericordia que acoge a todos, y por tanto no un lugar del que los cristianos puedan cerrar las puertas. Este fue el centro de la homilía que el Papa Francisco pronunció hoy durante la misa de la mañana en Santa Marta.

“Es un conflicto que Francisco ha sacado de la sombra ya desde hace mucho tiempo: el que hay entre Jesús que abre las puertas a quien lo busca, especialmente si está alejado de Él, y los cristianos que muchas veces cierran esas puertas en la cara a quienes llaman a la puerta de la Iglesia. Un conflicto entre la misericordia total de Cristo y la poca que a veces demuestran los que creen en Él.

“La reflexión del Papa parte del agua, protagonista de las lecturas litúrgicas del día. ‘El agua que cura’, la llama Francisco, comentando la descripción que el Profeta Ezequiel hace del manantial surgido en el umbral del templo, que se convierte fuera en un torrente impetuoso y en cuyas aguas ricas de peces todos pueden curarse.

“Y el agua de la piscina de Betesda, descrita en el Evangelio, en cuyos alrededores yace desde hace 38 años un paralítico entristecido – y para Francisco, también un poco ‘perezoso’ – que nunca encuentra la forma de hacerse sumergir cuando las aguas se mueven y así buscar la curación.

“Jesús en cambio le cura y le anima a ‘seguir adelante’, pero esto desencadena la crítica de los doctores de la ley porque la curación tuvo lugar en sábado. Una ‘historia’, observa el Papa, que tiene lugar “muchas veces” también hoy.

“Un hombre – una mujer – que se siente enfermo en el alma, triste, que ha cometido tantos errores en la vida, en cierto momento siente que las aguas se mueven, está el Espíritu Santo que mueve algo, o oye una palabra, o… ‘Ah, ¡yo quisiera ir!’… Y junta coraje y va. Y cuántas veces hoy en las comunidades cristianas encuentra las puertas cerradas: ‘Tu no puedes, no, tu no puedes. Te has equivocado, y no puedes. Si quieres venir, ven a la misa el domingo, pero te quedas allí, no hagas nada más’. Y lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, los cristianos con psicología de doctores de la ley lo destruyen”.

“’A mi esto me disgusta’”, afirma inmediatamente Francisco. Que reafirma: ‘la Iglesia siempre tiene las puertas abiertas’.

“Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a buscar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿La riñe porque está herida? No, viene y se la carga a los hombros. Y esta se llama misericordia. Y cuando Dios riñe a su pueblo  – ‘Misericordia quiero, no sacrificios’ – habla de esto’.

“’¿Tú quien eres  – dice el Papa – que cierras la puerta de tu corazón a un hombre, a una mujer que quiere mejorar, que quiere volver al pueblo de Dios, porque el Espíritu Santo ha movido su corazón?’”. La Cuaresma, concluye Francisco, debe ayudar a no cometer el error de quien despreció el amor de Jesús hacia el paralítico sólo porque era contrario a la ley.

“’Pidamos hoy al Señor en la Misa por nosotros, por cada uno de nosotros y por toda la Iglesia, una conversión hacia Jesús, una conversión a Jesús, una conversión a la misericordia de Jesús. Y así la Ley será plenamente cumplida, porque  la Ley es amar a Dios y al prójimo, como a nosotros mismos”’.

Traducción del original italiano realizada por Aleteia

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REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA 17-03-15

Agua viva

El simbolismo del agua “inunda” la liturgia de hoy. La primera lectura, tomada del libro de Ezequiel (47,1-9.12) nos muestra una visión del Templo con torrentes de agua brotando de su lado derecho. El torrente de agua era tan abundante que llegó un momento en que no se podía vadear. Y esa agua era agua de vida, que hacía que la tierra diera frutos en abundancia, y hasta llegaba hasta el Mar Muerto devolviendo la vida a sus aguas salobres.

El las Sagradas Escrituras el agua siempre ha sido símbolo de vida y, más aun, de la Vida que Dios nos da. Por eso se le asocia a los tiempos mesiánicos. Cristo ha venido a traer vida en abundancia. Hay quienes ven en el torrente que brota por el lado derecho del templo en esta visión de Ezequiel, una prefiguración del agua que brota del costado derecho de Jesús en la cruz luego del lanzazo, que sellaría la Nueva y Eterna Alianza y daría paso a la Iglesia como “nuevo pueblo” de Dios, instrumento de salvación instituido por Cristo.

En el capítulo siete de Juan el agua se nos presenta como el Espíritu que mana del Cristo glorificado: “‘El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí’. Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él” (Jn 7,37-39).

El pasaje evangélico de hoy (Jn 5,1-3.5-16) nos presenta el episodio en que Jesús cura a un paralítico que estaba echado en una camilla junto a la piscina de Betesda. Nos dice la Escritura que el hombre llevaba allí treinta y ocho años.

Dos cosas nos llaman la atención sobre este pasaje. Primero, es Jesús quien se toma la iniciativa. Han llegado los tiempos mesiánicos. Es Él quien se acerca al paralítico y le pregunta: “¿Quieres quedar sano?” Una pregunta directa. Jesús sabe que el hombre lleva mucho tiempo, que ha puesto toda su esperanza en el agua de aquella piscina (en los vv. 3b-4 se nos dice que cuando el agua que había en ella era agitada por las alas de un ángel del Señor que bajaba de vez en cuando, el primero que se metía se curaba).

Segundo, la respuesta del hombre ante esa pregunta trascendental: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado”. Jesús le había hecho una pregunta directa, lo único que tenía de decir era “sí”. No se daba cuenta que tenía ante sí al mismo Dios, aquél de quienes brotan torrentes de agua viva, capaz de echar demonios, curar enfermos, revivir muertos. Está ventilando su frustración, pero más que nada, su soledad: “no tengo a nadie…”

Jesús se compadece y le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Palabras de vida, palabras de sanación, de alegría. Dentro de toda su frustración y soledad, aquél hombre creyó las palabras de Jesús. Por eso pudo recibir los frutos del milagro. “Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Jesús nos pregunta hoy si queremos quedar sanos de nuestros pecados. ¿Qué le vamos a contestar?

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REFLEXIÓN PARA EL LUNES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA 16-03-15

Jesus_centurion

La primera lectura que nos presenta la liturgia para hoy (65,17-21), está tomada del “Tercer Isaías”, que comprende los capítulos 56 al 66 de ese libro. Estos capítulos, escritos por un autor anónimo y atribuidos al profeta Isaías. Fueron escritos durante la “era de la restauración”, luego del regreso del pueblo judío a su país tras el destierro en Babilonia. Es un libro lleno de esperanza y alegría, dentro de la devastación que encontró el pueblo en Jerusalén a su regreso del destierro.

La lectura continúa el ambiente festivo del domingo laetare que celebrábamos ayer: “Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos”.

Es un anticipo de la promesa de la “nueva Jerusalén” que san Juan nos presentará luego en el Apocalipsis en un ambiente de boda (uno de mis pasajes favoritos): “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios – con – ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado’” (Ap 21,1-4).

Es una promesa del Señor. Hay una sola condición: escuchar Su Palabra y creerle al que le envió. Y eso tiene que llenarnos de alegría. Así como el pueblo de Israel se levantó de entre las cenizas de una Jerusalén y un Templo destruidos, esta lectura nos prepara para la alegría de la Vigilia Pascual cuando resuene en los templos de todo el mundo el Gloria, anunciando la Resurrección de Jesús.

La lectura evangélica (Jn 4,43-54) nos presenta el pasaje de la curación del hijo de un funcionario real. Lo curioso de este episodio es que es un pagano quien nos revela la verdadera naturaleza de la fe: una confianza plena y absoluta en la palabra y la persona de Jesús, que le hace resistir los reproches iniciales de Jesús (“Como no veáis signos y prodigios, no creéis”) y le impulsa a actuar según esa confianza, sin necesidad de ningún signo visible. Creyó en Jesús, y “le creyó” a Jesús. Eso fue suficiente para emprender el camino de regreso a su casa con la certeza de que Jesús le había dicho: “Anda, tu hijo está curado”. Él creyó que su hijo estaba sano, y este fue sanado.

Nosotros tenemos la ventaja del testimonio de Su gloriosa Resurrección. Aun así, tenemos que preguntarnos: ¿Realmente le creo a Jesús?

En esta Cuaresma, oremos: “Señor yo creo, pero aumenta mi fe”.

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REFLEXIÓN PARA EL CUARTO DOMINGO DE CUARESMA 15-03-15

Nicodemo

Nicodemo es un personaje que aparece solamente en el relato evangélico de Juan (al igual que Lázaro), y que es importante porque sirve de contrapunto en un diálogo profundo con Jesús, que ocupa una buena parte del capítulo 3 del relato. Nicodemo era un fariseo rico que, intrigado y atraído por el mensaje de Jesús, decide ir a visitarle de noche. Ahí se suscita el primer encuentro con Jesús, dentro del cual se desarrolla el diálogo que recoge parcialmente la lectura evangélica que nos ofrece la liturgia para este cuarto domingo de Cuaresma (Jn 3,14-21).

El saludo de Nicodemo y el inicio del diálogo, que no aparecen en el fragmento que leemos hoy, son importantes para entender el mismo, así como la mentalidad y la actitud con que Nicodemo se presentó ante Jesús. Por eso les recomiendo que se lean la perícopa en su totalidad (vv. 1-21).

Recordemos que Nicodemo era un alto personaje del judaísmo que se había sentido atraído por la enseñanza de Jesús, y por eso decide ir a verlo. El hecho de que venga a verlo de noche nos apunta a que viene de la “noche” del judaísmo ritual vacío (la oscuridad) hacia la “luz” representada en la persona de Jesús, en su Palabra, en el nacimiento del agua y del Espíritu que Jesús le propone en el versículo 5. La contraposición luz-tinieblas del Evangelio de Juan.

En el pasaje de hoy encontramos a Jesús haciendo un anuncio de su Pasión y la salvación que por ella nos vendría, prefigurada en la serpiente de bronce que Moisés, siguiendo las instrucciones de Yahvé, hizo y colocó sobre un estandarte (en forma de cruz), para que todo el que era mordido por unas serpientes venenosas que los asediaban quedara sano al mirarla (Cfr. Núm 21,4-9). Por eso dice a Nicodemo: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

Seguimos adelantando en este tiempo de Cuaresma; tiempo de conversión en que se nos invita sanar nuestros corazones envenenados por el pecado. Si nos tornamos a mirar la Cruz, al igual que los israelitas en el desierto, nuestros corazones serán sanados; porque en la Cruz encontraremos una fuente inagotable de amor, de misericordia, de perdón. Y si fijamos nuestra mirada en el Crucificado, encontraremos que nuestra propia cruz se hace liviana, y podremos decir con san Pablo: “¡Lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!” (Gál 6,14). “Gloriémonos también nosotros en ella, aunque sólo sea porque nos apoyamos en ella” (San Agustín).

Si no lo has hecho aún, ve hoy a la Casa del Padre y mira hacia el altar; allí encontrarás a su Hijo que te espera con los brazos abiertos… Y si aún no te has reconciliado, ¡este es el momento! No esperes más.

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REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA 14-03-15

FARISEO Y PUBLICANO ORANDO

“Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”. Estos versos, tomados del Miserere, Salmo que nos presenta la liturgia de hoy (50) y ha estado resonando en la liturgia cuaresmal, sientan la tónica para las lecturas del día.

La primera, tomada del profeta Oseas (6,1-6), nos habla del arrepentimiento y la misericordia divina: “Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará (prefigurando la gloriosa resurrección de Jesús); y viviremos delante de él”. A lo que el Señor contesta: “Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos”.

Durante este tiempo de Cuaresma se nos hace un llamado a la conversión. Esa conversión está relacionada al arrepentimiento, pero no a un arrepentimiento que implique culpa, remordimiento, o temor al castigo, sino más bien un arrepentimiento que sea producto de una transformación interior, en lo más profundo de nuestro ser, que nos haga reconocer nuestras faltas, lo que se ha de reflejar en nuestra forma de relacionarnos con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo.

Se trata de que el arrepentimiento y la penitencia sean producto de la conversión y no a la inversa. Se trata de abrirnos incondicionalmente al Amor de Dios y rendirnos ante Él con la firme determinación de cumplir Su voluntad.

No se trata de decirlo de palabra, ni de confesarlo en público, ni de ponerse en pie frente a una asamblea y decir: “Yo acepto a Jesucristo como mi único Salvador”. No. Tampoco se trata de gestos exteriores como orar en público, ni de dar limosna donde todos nos vean, ni de ayunar por ayunar. No son las devociones las que hacen a un hombre “bueno” ante los ojos de Dios. Él no halla en ellas el Amor recíproco que espera de nosotros. “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7,21).

El pasaje del Evangelio, tomado de san Lucas (18,9-14) nos presenta la parábola del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar. El fariseo, “erguido” (los fariseos solían orar de pie), se limitaba a dar gracias a Dios por lo bueno que era: “no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano”. También decía a Dios cómo cumplía con sus obligaciones: “Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

En cambio, el publicano se mantenía en la parte de atrás y no se atrevía ni levantar los ojos al cielo, mientras se daba golpes de pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Jesús sentenció: “Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

La diferencia estaba en la actitud interior, en el corazón. “Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”.

En esta Cuaresma, abramos nuestros corazones al Amor infinito de Dios, y ese Amor nos permitirá reconocer las veces que le hemos fallado. Eso nos permitirá postrarnos ante Él con un corazón quebrantado y humillado. Entonces Él nos tomará de la mano, nos levantará, y nos dará el abrazo más amoroso que hayamos recibido.

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Papa Francisco anuncia al mundo un jubileo de la misericordia

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“Queridos hermanos y hermanas, he pensado a menudo cómo la Iglesia puede hacer más evidente su misión de ser testigo de la misericordia. Es un camino que comienza con una conversión espiritual. Por esto he decidido convocar un Jubileo extraordinario que tenga en su centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia. Lo queremos vivir a la luz de la palabra del Señor: “Sed misericordiosos come el Padre” (cfr Lc 6,36).

“Este Año Santo comenzará en la próxima solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluirá el 20 de noviembre de 2016, Domingo de …”

[presione aquí para el texto completo y el vídeo del anuncio]

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¿Cómo celebra el Papa Francisco dos años de pontificado? Confesando

Papa confesando

© OSSERVATORE ROMANO / AFP

 

El Papa Francisco cumple este viernes 13 de marzo dos años de pontificado y lo celebra confesando en la Basílica de San Pedro en el marco de la celebración penitencial 24 horas para el Señor, iniciativa organizada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

El Pontífice propone la evangelización con ejemplo antes que con las palabras; así, mañana en la tarde él mismo estará en el confesionario para escuchar los pecados de seis penitentes, escogidos entre personas de todas las edades.

La penitencia es uno de los siete sacramentos de la Iglesia, por el que se obtiene el perdón de los pecados, por ello el gesto de Francisco es consecuente con sus incesantes llamados a la misericordia y el perdón.

Para la ocasión, se involucrará a un grupo conformado por una monja, algunos adolescentes, una pareja de abuelos y una madre de familia. No se excluye que el mismo Papa, como el año anterior, pida ser confesado por un sacerdote de la Basílica.

La misericordia de una Iglesia de puertas abiertas

“Pienso que entrando en el confesionario, por un lado, el Papa quiere recordar a los sacerdotes la importancia de dedicar tiempo a este sacramento, de manera que los fieles  puedan tener siempre acceso; y por el otro, nos indica también el modo como ser confesores”, dijo el arzobispo Rino Fisichella al diario católico italiano Avvenire.

Precisamente, el presidente del dicasterio para la promoción de la Nueva Evangelización sostuvo que Francisco enseña a los sacerdotes a “ser ministros de la misericordia”, a recibir a los fieles con una sonrisa y a no a ser “jueces inapelables”.

De otra manera, el confesionario puede ser visto como “una aduana” (Evangelii Gaudium, 47). Monseñor Fisichella explica que el sacerdote no debe dar la impresión de que el penitente debe pagar “quizá cual tributo”.  La confesión es un acercamiento a la “ternura de Dios”, insistió.

Penitentes son “Tierra Sagrada” para cultivar con amor

Y ello precisamente, porque “cada penitente que se acerca al confesionario es ‘tierra sagrada’ para cultivar con dedicación, cuidado y atención pastoral”, enseñó el Papa este jueves 12 de marzo a los nuevos sacerdotes que administran el sacramento de la Reconciliación.

La visión de Francisco de una Iglesia como una “casa con las puertas abiertas” ha dado resultado en el acercamiento de algunos fieles alejados. Al respecto,  monseñor Fisichella confirma que muchos fieles, después de estos dos años de pontificado, le dicen: “He venido a confesarme porque he escuchado que Francisco invita a no tener miedo”.

Pedir perdón como yo perdono a los demás

Durante su homilía en Santa Marta  este 10 de marzo, el Papa en la tercera semana de cuaresma, predicó que para pedir perdón a Dios es necesario seguir la enseñanza del “Padrenuestro”. Se trata de arrepentirse con sinceridad de los propios pecados, sabiendo que Dios perdona siempre, y perdonar a los demás con la misma amplitud del corazón.

Jóvenes alejados de la Iglesia y de la confesión

Por su parte, monseñor Krzysztof Nykiel, regente de la Sagrada Penitenciaría Apostólica, ha alertado que “en muchos países europeos son pocos los fieles que participan con frecuencia del sacramento de la confesión”.

El prelado polaco dijo a Radio Vaticano este 10 de marzo que cada vez hay más jóvenes católicos que no se confiesan. Para Nykiel, el motivo principal es la expansión, “sobre todo entre los jóvenes, de la pérdida del sentido del pecado“.

A este propósito, ha manifestado monseñor Nykiel, hay una“atmósfera amoral” en la que se ha eliminado la frontera “entre vicio y virtud”, entre “el bien y el mal”. Finalmente, el jefe de la Penitenciaría Apostólica señala que “la culpa más grande de hoy es no sentirse pecadores y no sentir la necesidad de volver a Dios”.

Papa Francisco lanza 24 Horas con el Señor en todo el mundo

En este contexto y en ocasión de su segundo año de Pontificado, el Papa Bergoglio presidirá una celebración penitencial este viernes en la Basílica de San Pedro para promover la iniciativa 24 horas para el Señor, que se extenderá a iglesias de todo el mundo y que tiene por lema ‘Dios rico en Misericordia’.

En la diócesis de Roma, el consejo pontificio ha preparado algunas iglesias que tienen la característica de ubicarse en zonas de alto flujo turístico para que haya sacerdotes de diferentes lenguas confesando. Las iglesias son: ‘Santa Maria in Trastevere’, ‘Sant’Agnese in Agone’ en Piazza Navona y ‘Sacre Stimmate di S. Francesco’ en Largo Argentina.

Tomado de: http://www.aleteia.org/es/religion/noticias/como-celebra-el-papa-dos-anos-de-pontificado-confesando-5775115170086912

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