REFLEXIÓN PARA LA MEMORIA OBLIGATORIA DE SANTA MARTA 29-07-17

Hoy celebramos la memoria obligatoria de santa Marta, la hermana de Lázaro y María, amigos de Jesús. La tradición dice que, como Santiago evangelizó a España, santa Marta evangelizó a Francia. Marta es un nombre hebreo que significa “señora; jefe del hogar”. La Escritura nos dice que “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5). Estos hermanos vivían en Betania, una aldea distante como a cuatro kilómetros de Jerusalén.

Durante el último año de la vida pública de Jesús, cuando Él movió su predicación de Galilea a Judea, habitualmente pernoctaba en casa de sus amigos Marta, María y Lázaro, en donde siempre había una habitación dispuesta para el Maestro a cualquier hora que llegara. Esa casa era, en efecto, el “hogar” de Jesús en Judea. Allí se sentía a gusto, amaba a sus amigos, y sus amigos lo amaban y acogían con calor de hogar.

Al igual que a Marta, a su hermana y a Lázaro, Jesús te ama a ti, y le encantaría hospedarse en tu casa, es decir, en tu corazón (Cfr. Ap 3,20). ¿Tienes una habitación dispuesta para recibirle?

La liturgia para esta memoria obligatoria nos propone dos lecturas evangélicas alternas. La primera, tomada el Evangelio según san Lucas (10,38-42), nos narra el conocido episodio en que Jesús va a visitar a sus amigos, y mientras Marta se desvivía por tener todo dispuesto para que el Señor se sintiera acogido (por eso es la santa patrona de los hoteleros), María estaba sentada a los pies del Maestro escuchándole. Ante el reclamo de Marta a Jesús para que dijera a su hermana que le ayudara, este le contestó: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”.

La otra lectura evangélica que nos propone la liturgia para hoy (Jn 11,19-27) es el pasaje en que Marta sale al encuentro de Jesús cuando este llegó tras la muerte de su hermano Lázaro. Las palabras de Marta son a la vez un reclamo (no de coraje, sino imbuido del cariño propio de un amigo) y una profesión de fe: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

A ese intercambio inicial sigue una conversación entre Jesús y Marta, en la que Marta reafirma su fe en Jesús, en su mensaje, y en su obra salvífica. Los últimos tres versículos del pasaje de hoy son una verdadera catequesis: “Jesús le dice: ‘Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?’. Ella le respondió: ‘Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’”.

Esa profesión de fe de Marta se vio coronada con la revitalización de su hermano Lázaro. Marta estaba segura del poder de Jesús (creía en Jesús y le creía a Jesús), y ni la muerte de su hermano pudo destruir esa certeza.

Santa Marta, amiga de Jesús, ruega por nosotros.

REFLEXIÓN PARA LA MEMORIA OBLIGATORIA DE SANTA MARTA 29-07-15

 

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Hoy celebramos la memoria obligatoria de santa Marta, la hermana de Lázaro y María, amigos de Jesús. La tradición dice que, como Santiago evangelizó a España, santa Marta evangelizó a Francia. Marta es un nombre hebreo que significa “señora; jefe del hogar”. La Escritura nos dice que “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5). Estos hermanos vivían en Betania, una aldea distante como a cuatro kilómetros de Jerusalén.

Durante el último año de la vida pública de Jesús, cuando Él movió su predicación de Galilea a Judea, habitualmente pernoctaba en casa de sus amigos Marta, María y Lázaro, en donde siempre había una habitación dispuesta para el Maestro a cualquier hora que llegara. Esa casa era, en efecto, el “hogar” de Jesús en Judea. Allí se sentía a gusto, amaba a sus amigos, y sus amigos le amaban y acogían con calor de hogar.

Al igual que a Marta, a su hermana y a Lázaro, Jesús te ama a ti, y le encantaría hospedarse en tu casa, es decir, en tu corazón (Cfr. Ap 3,20). ¿Tienes una habitación dispuesta para recibirle?

La liturgia para esta memoria obligatoria nos propone dos lecturas evangélicas alternas. La primera, tomada el Evangelio según san Lucas (10,38-42), nos narra el conocido episodio en que Jesús va a visitar a sus amigos, y mientras Marta se desvivía por tener todo dispuesto para que el Señor se sintiera acogido (por eso es la santa patrona de los hoteleros), María estaba sentada a los pies del Maestro escuchándole. Ante el reclamo de Marta a Jesús para que dijera a su hermana que le ayudara, este le contestó: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”.

La otra lectura evangélica que nos propone la liturgia para hoy (Jn 11,19-27) es el pasaje en que Marta sale al encuentro de Jesús cuando este llegó tras la muerte de su hermano Lázaro. Las palabras de Marta son a la vez un reclamo (no de coraje, sino imbuido del cariño propio de un amigo) y una profesión de fe: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

A ese intercambio inicial sigue una conversación entre Jesús y Marta, en la que Marta reafirma su fe en Jesús, en su mensaje, y en su obra salvífica. Los últimos tres versículos del pasaje de hoy son una verdadera catequesis: “Jesús le dijo: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?’. Ella le respondió: ‘Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo’”.

Esa profesión de fe de Marta se vio coronada con la revitalización de su hermano Lázaro. Marta estaba segura del poder de Jesús (creía en Jesús y le creía a Jesús), y ni la muerte de su hermano pudo destruir esa certeza.

Santa Marta, amiga de Jesús, ruega por nosotros.

Papa Francisco: ¡Cuidado!, puedes ser “un cristiano pagano”

Papa Francisco Misa en Santa Marta - Foto LOsservatore Romano

Papa Francisco Misa en Santa Marta – Foto LOsservatore Romano

VATICANO, 07 Nov. 14 / 03:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- Pidamos estar firmes en el Señor para no caer en la tentación de ser “cristianos paganos”, exhortó este viernes el Papa Francisco durante la Misa en la Casa Santa Marta, pues advirtió que estos “cristianos barnizados”, que solo cumplen dos o tres cosas para guardar las apariencias, terminan siendo enemigos de la Cruz.

Durante su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre las palabras de San Pablo a los Filipenses para indicar que así como en el pasado, también hoy hay dos grupos de cristianos.

“Ambos grupos estaban en la Iglesia, todos juntos, iban a Misa el domingo, alababan al Señor, se llamaban cristianos. Entonces, ¿cuál era la diferencia?”, preguntó Francisco. Los segundos “¡actúan como enemigos de la Cruz de Cristo! Cristianos enemigos de la Cruz de Cristo”.

Son “cristianos mundanos, cristianos de nombre, con dos o tres cosas de cristiano, pero nada más. ¡Cristianos paganos!”. “El nombre cristiano, pero la vidapagana”; o para decirlo de otra manera: “Paganos con dos pinceladas de barniz de cristianismo, así aparecen como cristianos, pero son paganos”.

“¡También hoy en día hay muchos! También nosotros tenemos que estar atentos a no resbalarnos sobre el camino de los cristianos paganos, cristianos en apariencia. Y la tentación de acostumbrarnos a la mediocridad, la mediocridad de los cristianos, de estos cristianos es típica su ruina, porque el corazón se enfría, se convierte en tibio. Y a los tibios el Señor les dice una palabra fuerte: ‘Porque eres tibio, estoy por vomitarte de mi boca “¡Es muy fuerte! son enemigos de la Cruz de Cristo. Tienen el nombre, pero no siguen las exigencias de la vida cristiana”.

Francisco explicó que Pablo habla así de la “ciudadanía” de los cristianos, la cual está en los cielos y es eterna. En cambio, los cristianos paganos “son ciudadanos del mundo, no de los cielos “. “Ciudadanos del mundo. ¡Y el apellido es mundano! Protéjanse de estos”, advirtió el Obispo de Roma.

Por ello, invitó a preguntarse: “¿Tendré algo de estos? ¿Tendré algo de la mundanidad dentro de mí? ¿Algo del paganismo?”.

“¿Me gusta alardear? ¿Me gusta el dinero? ¿Me gusta el orgullo, la soberbia? ¿Dónde tengo mis raíces, es decir, de dónde soy ciudadano? ¿Del  cielo o de la tierra? ¿Del mundo o del espíritu del mundo? Nuestra ciudadanía está en los cielos, y allí esperamos,  como Salvador, al Señor Jesucristo”, aseguró.

Sin embargo, advirtió que sobre el destino de los que no viven de acuerdo al Evangelio. “¿Y la de ellos? ¡Su suerte final la destrucción! Estos cristianos barnizados, terminarán mal…  Pero miren al final: ¿dónde te lleva esa ciudadanía que tienes en tu corazón? Aquella ciudadanía mundana lleva a la ruina, aquella de la Cruz de Cristo al encuentro con Él”.

El Papa señaló que cada uno en su corazón puede hallar los signos para saber si se está “deslizando hacia la mundanidad.” “Si tú amas y si estás apegado al dinero, a la vanidad y al orgullo vas por el mal camino. Si, en cambio, buscas amar a Dios, el servir a los demás, si eres amable, si eres humilde, si usted es el servidor de los demás, vas por el buen camino”.

“¿Cómo ha llegado este administrador del Evangelio al punto de engañar, de robar a su amo? ¿Cómo ha llegado? ¿De un día para otro? ¡No! Poco a poco. Un día, una propina aquí, al otro día una tangente allí y poco a poco se llega a la corrupción. El camino de la mundanidad de estos enemigos de la cruz de Cristo es así, ¡te conduce a la corrupción! Y luego terminas como este hombre, ¿verdad? Aparentemente robado… “.

El Papa entonces toma las palabras de Pablo, que pidió permanecer “firmes en el Señor” sin permitir que el corazón se debilite y “termine en el nada, en la corrupción”. “Es una gracia buena que pedir ésta, mantenernos firmes en el Señor”.

Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-cuidado-puedes-ser-un-cristiano-pagano-92775/

REFLEXIÓN PARA LA MEMORIA OBLIGATORIA DE SANTA MARTA 29-07-14

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Hoy celebramos la memoria obligatoria de santa Marta, la hermana de Lázaro y María, amigos de Jesús. Marta es un nombre hebreo que significa “señora; jefe del hogar”. La Escritura nos dice que “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Jn 11,5). Estos hermanos vivían en Betania, una aldea distante como a cuatro kilómetros de Jerusalén, cuyo en cuyo hogar se hospedó Jesús cuando movió su predicación de Galilea a Judea.

La lectura evangélica que nos propone la liturgia para esta memoria obligatoria (Jn 11,19-27) es el pasaje en que Marta sale al encuentro de Jesús cuando este llegó tras la muerte de su hermano Lázaro. Las palabras de Marta son a la vez un reclamo (no de coraje, sino imbuido del cariño propio de un amigo) y una profesión de fe: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

A ese intercambio inicial sigue una conversación entre Jesús y Marta, en la que Marta reafirma su fe en Jesús, en su mensaje, y en su obra salvífica. Los últimos tres versículos del pasaje de hoy son una verdadera catequesis: “Jesús le dijo: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?’. Ella le respondió: ‘Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo’”.

Esa profesión de fe de Marta se vio coronada con la revitalización de su hermano Lázaro. Marta estaba segura del poder de Jesús (creía en Jesús y le creía a Jesús), y ni la muerte de su hermano pudo destruir esa certeza.

La primera lectura (Jr 14,17-22) nos presenta un cántico del profeta Jeremías que es un grito desgarrador, una plegaria penitencial invocando la ayuda y misericordia de Dios ante dos tragedias que enfrentaba el pueblo judío: una sequía que llevaba varios años arropando al país, y las guerras en las que Yahvé parecía haber abandonado a su pueblo.

Ante esa situación el pueblo recurre a Dios y, además de reclamar sus “derechos” bajo la Alianza que ellos mismos habían incumplido, llega incluso a pedirle a Dios que, si no por ellos, al menos por su propio prestigio, para que otros pueblos no piensen que su Dios es “flojo”.

El cuadro que nos presenta Jeremías no dista mucho de nuestra situación actual, aunque en diferente contexto. Nos sentimos atribulados por la estrechez económica que parece arropar al mundo entero (sin hablar de la sequía que está afectando nuestra tierra), unido a una violencia que parece seguir escalando fuera de control, al punto que “tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país”. Y nos preguntamos dónde está Dios… Y le reclamamos… Pero somos nosotros los que nos hemos alejado de Él, los que lo hemos echado de nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo, nuestras escuelas, nuestras instituciones, nuestros gobiernos, y hasta de nuestras iglesias. ¡Y tenemos la osadía de preguntar qué nos pasa!

Parece que no entendemos, o no queremos admitir, que el llamado “silencio de Dios” es provocado por nuestro alejamiento como pueblo. Todavía estamos a tiempo. Si nos convertimos y volvemos al Señor, Él saldrá a nuestro encuentro, se echará a nuestro cuello, nos besará y nos recibirá de vuelta en su Casa (Cfr. Lc 11-32). De nosotros depende; Él nos está esperando. Y tú, ¿qué vas a hacer al respecto?

Francisco en Sta. Marta: Nos salva el sabernos pecadores, no nuestras rutinas

Francisco en Santa Marta

 No es la seguridad porque observamos los mandamientos lo que nos salva, sino la humildad de reconocer la necesidad de ser curados siempre por Dios. Lo recordó este lunes el papa Francisco en su homilía en Santa Marta, partiendo de la frase ‘Nadie es profeta en su propia patria’, y del hecho que Jesús no obra milagros con sus compatriotas debido a la falta de fe de ellos.

El Santo Padre recuerda que Jesús cita dos episodios de la Biblia: la curación milagrosa de la lepra de Naamán el sirio en la época del profeta Eliseo; y el encuentro del profeta Elías con la viuda de Sarepta, que fue salvada de la carestía. “Los leprosos y las viudas en aquel tiempo eran los marginados” y estos dos al acoger a los profetas fueron salvados. En cambio los de Nazaret no aceptaron a Jesús, porque “estaban demasiado seguros en su ‘fe’, de tal manera seguros en la … [continuar leyendo]

Tomado de: http://www.zenit.org/es/articles/francisco-en-sta-marta-nos-salva-el-sabernos-pecadores-no-nuestras-rutinas?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+zenit%2Fspanish+(ZENIT+Espa%C3%B1ol)