REFLEXIÓN PARA EL VIERNES DE LA TRIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (2) 28-10-16

Celebrando la Eucaristía en Filipos, en un pequeño islote en medio del río justo en el lugar en que Pablo bautizó a Lidia, la primera cristiana bautizada en el continente europeo (Hc 16,13-15). Una experiencia inolvidable. Allí celebramos la misa de la vigilia de Pentecostés. Foto tomada durante nuestra peregrinación del 2014.

Celebrando la Eucaristía en Filipos, en un pequeño islote en medio del río justo en el lugar en que Pablo bautizó a Lidia, la primera cristiana bautizada en el continente europeo (Hc 16,13-15). Una experiencia inolvidable. Allí celebramos la misa de la vigilia de Pentecostés. Foto tomada durante nuestra peregrinación del 2014.

Durante los próximos días estaremos contemplando como primera lectura la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses. Esta es una de las cartas que Pablo escribe desde la cárcel (junto con Efesios, Colosenses y Filemón). La lectura de hoy (Fil 1,1-11) nos presenta el saludo, que es la primera parte de las cartas paulinas, y en él podemos percibir el amor genuino que Pablo siente por esta comunidad, la primera evangelizada por Pablo en el continente europeo (Hch 16,11-15): “Doy gracias a mi Dios cada vez que os menciono; siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy… os llevo dentro”.

Pablo no solo reconoce el trabajo que junto a él los de Filipos desplegaron en la misión de evangelizar, sino que los alienta y exhorta a mantenerse firmes: “Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús”. Por eso termina el saludo diciendo: “Y ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores”.

Dentro del mensaje de exhortación al amor fraterno, Pablo reconoce la labor que han realizado y cuán importante han sido para su tarea evangelizadora. Pablo nos está presentando un ejemplo que debemos emular todos los que dirigimos o estamos encargados de algún ministerio, grupo o movimiento dentro de la Iglesia (incluyendo la iglesia doméstica). No podemos atribuirnos el mérito de los logros; tenemos que reconocer el trabajo de los demás componentes del grupo, por mínimo que sea, pues eso les entusiasma a seguir contribuyendo, y tal vez sea el estímulo que necesitan para aportar más al éxito de esa “empresa buena”.

El Evangelio (Lc 14,1-6) nos presenta a Jesús aceptando una invitación a comer en casa de un fariseo, uno de sus “adversarios” religiosos. Jesús aprovecha cada oportunidad para evangelizar, y eso incluye sentarse a la mesa con sus adversarios, con el significado que ese gesto tiene en la cultura de su tiempo. Una vez allí, ve a uno que sufría de hidropesía y lo cura. Pero el milagro, del que se nos brinda poco detalle, juega un papel secundario en la narración, cuyo tema es uno también recurrente en Jesús: el verdadero sentido del sábado, y cómo los fariseos habían tergiversado la Ley de Moisés incluyendo el curar entre las 39 tareas o trabajos que estaban prohibidas en sábado. Jesús lo sabe, pero aun así, antes de curar al hombre le formula a sus anfitriones la pregunta: “¿Es lícito curar los sábados, o no?”

Ante el silencio de sus interlocutores, luego de curar y despedir a hombre, les dijo: “Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?” De nuevo, silencio.

El mensaje de Jesús es claro. La Ley no puede estar por encima de la caridad. A veces nosotros mismos ponemos toda clase de excusas para no ayudar a un hermano que lo necesita, incluyendo nuestras “obligaciones” para con la Iglesia. ¿Qué nos dirá Jesús?

REFLEXIÓN PARA LA MEMORIA OBLIGATORIA DE SANTA TERESA DE JESÚS, VIRGEN Y DOCTORA DE LA IGLESIA 15-10-16

teresaavila

Hoy celebramos la memoria obligatoria de Santa Teresa de Jesús, también conocida simplemente como Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia, mística y fundadora de las Carmelitas Descalzas. Es una de las tres doctoras de la Iglesia. Las otras dos son Santa Catalina de Siena y Santa Teresita del Niño Jesús.

Aunque el calendario litúrgico pastoral para nuestra provincia eclesiástica propone las lecturas correspondientes al sábado XXVIII del tiempo ordinario, hoy comentaremos la lectura evangélica que nos propone la liturgia propia de la memoria (Mt 11,25-30). En ocasiones anteriores que hemos comentado sobre esta lectura nos hemos concentrado en el v. 28: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

Las lecturas de hoy, sin embargo, nos hacen resaltar los vv. 25-26.29: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”.

Esos versículos son un eco de las primeras dos bienaventuranzas (Mt 5,3-4): “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra”. La pobreza de espíritu, que es del desapego de las cosas materiales, nos lleva a la mansedumbre, a la humildad, a no creernos superiores a los demás, a depender de la Providencia Divina. Solo entonces podremos abrir nuestros corazones al Espíritu Santo, que es el Amor que se profesan el Padre y el Hijo que se derrama sobre nosotros. Y ese amor es fuente de la verdadera Sabiduría.

La primera lectura (Eclo 15,1-6) nos apunta al origen de esa Sabiduría que caracterizó a las tres santas mujeres que mencionamos al principio, y que les valiera ser reconocidas como doctoras de la Iglesia sin tener grandes estudios teológicos; Sabiduría que “le saldrá al encuentro como una madre” al que logra ese grado de compenetración con el Misterio del Amor de Dios, que “lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea”. Santa Teresa supo vivir el Amor de Dios a plenitud al punto de experimentar arrebatos místicos que le permitieron hacerse una con la fuente de todo Amor.

Teresa de Ávila supo también “cargar con el yugo” de Cristo, entregándose a vivir la verdadera pobreza evangélica y el rechazo, que la llevaron a impulsar grandes reformas en la Orden del Carmelo.

Cristo nos muestra el camino al Padre: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Cfr. Sal 22,2.

“Oh Dios de vida y amor: Santa Teresa de Jesús fue profundamente consciente de qué manera tan especial tú vives en lo más profundo de nosotros mismos. Que ella nos ayude a vivir la vida de Jesús como sarmientos vivos unidos a la vid, que den fruto inagotable de justicia, bondad y amor” (oración colecta).

CONMEMORACIÓN DEL “MILAGRO DEL SOL” DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA 13-10-16

fatima

Hoy es 13 de octubre, fecha en que la Iglesia conmemora la última aparición de la Virgen María a los niños Lucía, Jacinta y Francisco en un lugar llamado Cova de Iría (Ensenada de Irene), cerca de Fátima, Portugal, aparición que dio origen a la advocación de Nuestra Señora de Fátima.

La primera aparición estuvo precedida por varias apariciones de un ángel que exhortó a los niños a orar repitiendo las siguientes palabras: “Mi Dios, yo creo en ti, yo te adoro, yo te espero y yo te amo. Te pido perdón por los que no creen, no te adoran, no te esperan y no te aman”. Después de repetir esta oración tres veces, el ángel les dijo: “Oren de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharlos”.

Me llama la atención el hecho de que cuando el ángel del Señor se apareció a los niños les dijo: “No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo”. “No tengan miedo”. Las mismas palabras que el ángel le dijo a María en la Anunciación (Lc 1,30).

El 13 de mayo de 1917, casi ocho meses después de la última aparición del ángel, mientras pastoreaban el rebaño de su familia en la Cova de Iría, la Santísima Virgen se le apareció a los niños bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario. De hecho, el primer mensaje de la Virgen a los niños fue que rezaran el Santo Rosario todos los días para traer la paz al mundo. Para ese tiempo la Primera Guerra Mundial estaba en pleno apogeo.

Pero tal vez la aparición más conocida, por lo espectacular y por el número de testigos (unas 70,000 personas), fue la última, que ocurrió el 13 de octubre de 1917, en el mismo lugar. Es el llamado “milagro de cielo de Fátima” o el “milagro del sol”. Este suceso se considera el fenómeno sobrenatural más grande del siglo XX.

Según los múltiples relatos del suceso, luego de una lluvia torrencial el sol salió, y ante la mirada atónita de los presentes, giró tres veces sobre sí mismo mientras emitía luces de múltiples colores, dando la impresión de que iba a caer sobre ellos, lo que provocó que muchos gritaran de miedo. Mientras esto sucedía, los niños videntes tuvieron visiones de San José con el Niño, Nuestra Señora de los Dolores, y Nuestra Señora del Carmen. Este fenómeno del sol duró aproximadamente diez minutos, y al terminar, las ropas de todos los presentes, que se habían empapado con la lluvia torrencial, estaban totalmente secas, al igual que el suelo del lugar.

Pidamos a Nuestra Señora de Fátima que nos ayude a perseverar en el rezo del Santo Rosario, y que lleve nuestras súplicas a su Hijo para que el mundo alcance la paz que tanto anhelamos, sobre todo en el Mediano Oriente, para que termine la matanza de cristianos.

Les invito a repetir la oración que el ángel enseñó a los pastorcitos:

“Mi Dios, yo creo en ti, yo te adoro, yo te espero y yo te amo. Te pido perdón por los que no creen, no te adoran, no te esperan y no te aman”. Amén.

REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA 08-03-16

agua viva

El simbolismo del agua “inunda” la liturgia de hoy. La primera lectura, tomada del libro de Ezequiel (47,1-9.12) nos muestra una visión del Templo con torrentes de agua brotando de su lado derecho. El torrente de agua era tan abundante que llegó un momento en que no se podía vadear. Y esa agua era agua de vida, que hacía que la tierra diera frutos en abundancia, y hasta llegaba al Mar Muerto devolviendo la vida a sus aguas salobres.

En las Sagradas Escrituras el agua siempre ha sido símbolo de vida y, más aun, de la Vida que Dios nos da. Por eso se le asocia a los tiempos mesiánicos. Cristo ha venido a traer vida en abundancia. Hay quienes ven en el torrente que brota por el lado derecho del templo en esta visión de Ezequiel, una prefiguración del agua que brota del costado derecho de Jesús en la cruz luego del lanzazo, que sellaría la Nueva y Eterna Alianza y daría paso a la Iglesia como “nuevo pueblo” de Dios, instrumento de salvación instituido por Cristo.

En el capítulo siete de Juan el agua se nos presenta como el Espíritu que mana del Cristo glorificado: “‘El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí’. Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él” (Jn 7,37-39).

El pasaje evangélico de hoy (Jn 5,1-3.5-18) nos presenta el episodio en que Jesús cura a un paralítico que estaba echado en una camilla junto a la piscina de Betesda. Nos dice la Escritura que el hombre llevaba allí treinta y ocho años.

Dos cosas nos llaman la atención sobre este pasaje. Primero, es Jesús quien se toma la iniciativa. Han llegado los tiempos mesiánicos. Es Él quien se acerca al paralítico y le pregunta: “¿Quieres quedar sano?” Una pregunta directa. Jesús sabe que el hombre lleva mucho tiempo, que ha puesto toda su esperanza en el agua de aquella piscina (en los versos 3b-4 se nos dice que cuando el agua que había en ella era agitada por las alas de un ángel del Señor que bajaba de vez en cuando, el primero que se metía se curaba).

Segundo, la respuesta del hombre ante esa pregunta trascendental: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado”. Jesús le había hecho una pregunta directa, lo único que tenía de decir era “sí”. No se daba cuenta que tenía ante sí al mismo Dios, aquél de quienes brotan torrentes de agua viva, capaz de echar demonios, curar enfermos, revivir muertos. Está ventilando su frustración, pero más que nada, su soledad: “no tengo a nadie…”

Jesús se compadece y le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Palabras de vida, palabras de sanación, de alegría. Dentro de toda su frustración y soledad, aquél hombre creyó las palabras de Jesús. Por eso pudo recibir los frutos del milagro. “Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar”.

Jesús nos pregunta hoy si queremos quedar sanados de nuestros pecados. ¿Qué le vamos a contestar?

REFLEXIÓN PERSONAL PARA LA DESPEDIDA DEL AÑO 2015

feliz 2016

Nos encontramos en el umbral de un nuevo año. En esta fecha acostumbramos hacer introspección y pasar inventario de nuestras experiencias, buenas y no tan buenas, que hemos vivido durante el año que está a punto de concluir, así como de aquellas personas cuyos caminos se han cruzado con el nuestro, y aquellas que han desaparecido, en este peregrinar hacia nuestra Meta final.

Este año para mí ha sido uno de grandes retos y muchas bendiciones, todo producto de la gratuidad de Dios. También he sufrido grandes decepciones y vivido momentos difíciles, tanto en mi carácter personal como al compartir los desengaños y el sufrimiento de seres amados. Pero eso no me impide continuar alabando y bendiciendo a mi Señor, porque los años me han enseñado la veracidad de la promesa bíblica de que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Rm 8,28).

En nuestra reflexión para esta fecha el año pasado insistíamos en que al finalizar un año calendario nosotros los cristianos tenemos que hacernos una sola pregunta: “¿Cuánto he amado?” Y sobre el año que va a comenzar: “¿Qué puedo hacer para amar más?”

Esas preguntas cobran una relevancia especial en este año que estamos celebrando el Jubileo de la Misericordia decretado por el papa Francisco. El Amor es la fuente de la Misericordia, que a su vez es la fuente del perdón. Por eso les invito a que como parte de las “resoluciones” para el nuevo año, colocándola primero en la lista, nos propongamos perdonar. Perdonarnos a nosotros mismos, perdonar a los que nos han ofendido y, más aún, perdonar a los que nos odian y nos hacen daño. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No.

Para ello les invito a fijar nuestra mirada en María, madre de Dios, Madre de la Misericordia encarnada. Al pie de la cruz, María junto con el discípulo amado, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús (la máxima expresión de la Misericordia). El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la Misericordia de Dios. María atestigua que la Misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración, la Salve, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la Misericordia, su Hijo Jesús.

María es Madre de Misericordia que perdona a Pedro que niega su Hijo, también a Judas el traidor y a los que crucifican a Cristo. Pienso que Ella repite con su Hijo: “Padre, perdónalos…” María nos ofrece la Misericordia de Cristo y nos orienta hacia Él, convirtiéndose de esa forma en camino del perdón y modelo a imitar.

Imitando a María podremos hacer realidad las palabras que repetimos a diario en el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Entonces tendrás un ¡Feliz Año 2016!

AÑO SANTO JUBILAR DE LA MISERICORDIA COMIENZA HOY, 8 DE DICIEMBRE DE 2015

Año Santo Jubilar de la Misericordia

El papa Francisco ha anunciado “un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”. Este Año Santo “se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción… El Año jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016″.

Este Año Jubilar nos invita a reflexionar sobre la Misericordia que Dios derrama sobre nosotros y, a su vez, a practicar la misericordia con nuestros hermanos, especialmente los más necesitados de ella.

Nosotros te invitamos a reflexionar todas las lecturas que nos brinda la liturgia para este año en clave de misericordia. Verás cómo la Misericordia de Dios está presente en toda la historia de la salvación.

Los exhorto a leer el texto completo de la Bula Miericordiae Vultus, visitando la página:

https://drive.google.com/file/d/0B2LnZYex56LRc25wUVlNWXNMV00/view

 

 

REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA QUINTA SEMANA DE CUARESMA 24-03-15

crucificado

En la lectura evangélica que nos presenta la liturgia para este martes de la quinta semana de cuaresma (Jn 8,21-30), san Juan vuelve a poner en boca de Jesús la frase “yo soy”; el nombre que Dios le revela a Moisés en el pasaje de la zarza ardiendo, cuando al preguntarle su nombre Él le responde: “Así dirás a los Israelitas: Yo soy (יהוה – Yahvé) me ha enviado a vosotros” (Ex 3,14).

En el pasaje que contemplamos hoy, Jesús primeramente nos remite a la necesidad de creer en Él para salvarnos (Cfr. Mc 16,16): “…si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados”. Luego repite la frase para significar cómo en su “levantamiento” (su muerte y exaltación en la Cruz) es que se ha de revelar quién es Él y cuál es su verdadera misión: “Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy”. Este versículo guarda un paralelismo con la primera lectura (Núm 21,4-9), en la que muchos ven una prefiguración de la cruz y cómo por ella nos vendría la salvación.

La primera lectura nos relata cómo durante su camino a través del desierto (en la Biblia el desierto es siempre lugar de tentación y de prueba), el pueblo de Israel había comenzado a dudar de la Providencia de Dios, y a murmurar contra Él y contra Moisés: “¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo (refiriéndose al maná)”. Entonces aparecieron unas serpientes venenosas que ellos interpretaron como un castigo de Dios.

Tal como nos sucede a nosotros cuando nos hemos alejado de Dios y nos sentimos acosados por diversas circunstancias, los israelitas, al verse acosados por las serpientes venenosas, reconocieron su culpa y recurrieron a Moisés para que intercediera por ellos ante Yahvé. Como dice el refrán popular: “Nos acordamos de santa Bárbara cuando truena”.

Entonces Yahvé instruyó a Moisés construir una imagen de una serpiente venenosa y colocarla en un estandarte (la figura resultante sería similar a una cruz), para que todo el que hubiese sido mordido por una serpiente venenosa quedara sano al mirarla. ¿Quién curaba a los Israelitas, el poder de aquella serpiente de bronce? ¡Por supuesto que no! Los curaba el poder de Dios, cuya promesa ellos recordaban, y a quien invocaban al mirar la imagen. Recuerden este pasaje cuando alguien les acuse de “adorar imágenes”…

Del mismo modo, con el Yo soy de Jesús en el Evangelio de hoy, unido a la alusión a su “levantamiento”, Jesús nos exhorta a buscar la presencia salvadora de Dios en su persona, unida al sacrificio de la Cruz. En Jesús tenemos a Dios mismo que puede decir: “Yo soy entre ustedes”. De ese modo el nombre de Dios se convierte en una realidad. Ya no se trata de un Dios distante, terrible, cuyo nombre no se podía ni tan siquiera pronunciar. Ahora Dios “es” entre nosotros (Cfr. Jn 1,14; Mt 28,20).

Al igual que los israelitas en el desierto eran sanados al mirar el estandarte con la serpiente, nosotros, los cristianos, somos sanados de nuestros pecados cuando fijamos nuestra vista en la Cruz, que nos remite al Crucificado, y al único y eterno sacrificio ofrecido de una vez y por todas para nuestra salvación. Si no lo has hecho aún, todavía estás a tiempo. ¡Reconcíliate! Para eso Jesús nos dejó el Sacramento…

Mis reflexiones trasnochadas en Cuaresma – Rev. D. Carlos R. Morales

Diácono Carlos R. Morales

Hermanos(as): Comparto con ustedes esta reflexión del hermano Carlos R. Morales, muy acertada para este tiempo de Cuaresma. ¡Gracias, Espíritu Santo, por hablarnos a través de este hermano!

Adivino tu agonía. Quizás no tanto por tu Calvario y que de forma extraordinaria,  seguirás las sendas trazadas por el Padre,   como sacrificio por la Humanidad. Dijiste aquella noche de la traición: Que no se haga mi voluntad y sí la tuya. Haz curado toda clase de enfermedades. Haz calmado la tempestad. Multiplicando panes y peces nos ha dado de comer. Horas antes nos das tu cuerpo y tu sangre, pero antes les haz lavado los pies a tus discípulos en señal sublime de servicio a los demás como mandato de amor a los que te sigan.

Tu llanto a lágrimas, tus súplicas y suspiros, tu oración sentida;  no es ni siquiera por haberte dejado solo en esos momentos, mientras tus discípulos dormían. Son goterones de sangre los que caen en el suelo a tu alrededor. Los científicos dicen que es posible este hecho, al medir el grado de tensión que puede sufrir un ser humano. Haz curado enfermos, resucitaste a Lázaro tu amigo del alma. En su casa junto a Marta y María solías descansar. Ahora tan sólo queda una piedra donde recostarte. Me imagino viendo la película de tu vida de entrega al servicio de nosotros los seres humanos.

Seguramente tu dolor es del Padre cuando la sangre de Abel le clamaba por justicia frente al fratricidio de Caín. Te acordarías de David, tu amigo, el que sacaste de cuidar ovejas para ser Rey de Israel,  unificando tu pueblo con maestría y tu ciencia.  Te acordarías de la sangre de Urías y de cómo en quien confiabas cometió su pecado en Betsabé, hija de Ammiel a quién hizo suya estando casada.  ¡Cuánto dolor de ver la abominación en un pueblo bendecido por ti desde sus inicios en Abraham. Ahora buscan tu muerte.

Tu dolor es ver el resultado en cada persona que redimirías su contumacia a hacer su voluntad y no la tuya,  que es todo amor y atenciones hacia el mismo. Es la traición en Judas que con un beso fraterno te vende a los soldados que te atan de manos. Es nuestra traición. ¡Qué más podías hacer por nosotros! ¡Cómo pagamos tu fidelidad!

Una vez dijiste que no se daban perlas a los cerdos. Con todo,  nos entregaste tu propia vida para que nos arregláramos conforme a la tuya con tu Gracia. Habías expresado la voluntad del Padre que nos creó en tu Sermón del Monte. Ocupa tres capítulos en tu Evangelio según San Mateo. Los hemos llamado Las Bienaventuranzas. Los pobres, los limpios de corazón. «Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes, porque de ellos serán los tesoros del reino del cielo.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de rectitud, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios

Bienaventurados los que están de luto, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán el espíritu del regocijo.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que son perseguidos por causa de su rectitud, porque de ellos es el reino del cielo.

Bienaventurados seréis cuando os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros falsamente. Alegraos y gozaos porque grande será vuestra galardón en los cielos.

Tu agonía es por eso. Nos haz enseñado el camino.  El Mundo ha tomado otro camino. Bienaventurados los que acaparan riqueza porque serán millonarios. Bienaventurados los que hacen trampa porque el mundo es del listo. Bienaventurados los que sacian sus gustos y apetencias porque el llanto no les visitará. Bienaventurados los que hacen la guerra porque infundirán respeto con dominio y poder. Bienaventurados los que piensan mal del otro ser humanos porque no serán engañados. Bienaventurados los que viven en la abundancia porque no conocerán el hambre.

Las distancias entre los ricos y los pobres de agigantan y mueren millones de niños de enfermedades prevenibles con las migajas de lo que pudiera costar una vacuna o un simple alimento. Hemos producido guerras mundiales al costos de millones de vidas. Hemos producido bombas nucleares capaces de destruir en minutos la humanidad entera. Hemos botado a la basura millones de embriones humanos por no tener dónde ponerlos y mantenerles con vida suspendida resulta caro. Hemos trastocado tu mandado en torno a la visión que debemos tener de nuestro cuerpo y de nuestras relaciones sexuales siguiendo la escuela de Sodoma y Gomorra.

Te duele que tu sacrificio no pueda ser comprendido al punto de salvar a la Humanidad, que es tu misión. La mayor parte del mundo vive en una miseria paupérrima y clama a ti; esperando que imitemos tu generosidad que hace llover sobre buenos y sobre malos. Hemos sembrado tormentas y cosechamos tempestades. Duele que tan sólo un resto de Israel, apenas una semilla del tamaño de una de mostaza; pueda seguir tus huellas.

Con todo, apuestas al ser humano y les dices a los soldados: Yo Soy, dejad libre a estos. El Amor no es amado. Te hemos dado a beber sudor y lágrimas.

¿Por qué? Porque sabes que el dolor redime, une y conduele. De tus primeros discípulos se dice: Mira cómo se aman. Nadie pasa necesidad. Todo lo ponen en común. Comparten el Pan y la Palabra. ¡Qué mucho nos falta volver a las raíces!

Para invitar a Héctor

En plena faena

Como parte de nuestro ministerio, estamos disponibles para participar en la formación de sus comunidades o grupos, y compartir nuestras experiencias marianas, así como otros temas de interés relacionados con nuestra fe, mediante retiros, acompañamiento, predicaciones, charlas, reflexiones, o seminarios.

Para invitarnos, y coordinar nuestra participación en las actividades de sus parroquias, grupos o ministerios, deben … [continuar leyendo]

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