REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA DECIMOSÉPTIMA SEMANA DEL T.O. (1) 03-08-17

La lectura evangélica que nos brinda la liturgia para hoy (Mt 13,47-53) nos presenta nuevamente la última de las parábolas del Reino (la de la red, que leyéramos junto a otras dos el pasado domingo XVII de este Ciclo A), así como la conclusión del “discurso parabólico” de Jesús que abarca todo el capítulo 23 del Evangelio según san Mateo.

Esta es otra de esas parábolas con “sabor escatológico”, es decir, del fin de los tiempos y el juicio final. Compara el Reino de los cielos con una red que saca toda clase de peces del mar, buenos y malos. Y nos dice que al final de los tiempos los ángeles harán con nosotros lo mismo que hacen los pescadores con los peces que atrapan en la red: “separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido”, a lo que sigue esa frase que encontramos en Mateo y en Lucas: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. El rechinar de dientes es una frase tomada del Antiguo Testamento (Job16,9; Sal 35,16), que expresa odio y rabia, pero que unida al llanto expresa la desesperación y el dolor de los que quedarán excluidos de la salvación.

Hemos dicho que en sus parábolas Jesús utiliza imágenes de la cotidianidad. En este momento le está hablando a pescadores del lago de Galilea, personas que están familiarizadas con las faenas de la pesca; personas que saben que al echar las redes atrapan toda clase de peces, buenos y malos, y al sacarlas deben escoger entre los buenos y los malos, los que tienen valor y los que no son comestibles, y botar los últimos junto con toda clase de algas y otra basura que se enredan en las mismas. El Reino de los cielos se parece a… Solo así podemos entender los misterios del Reino.

Esa imagen del Reino como una red en la que caben tanto los peces buenos como los malos, lo mismo que en la parábola de cizaña y el trigo, nos apunta también al hecho de que el Reino ya está aquí, que ha comenzado. Que la imagen visible de la presencia del Reino, la Iglesia, al igual que el Reino, está abierta a todos, buenos y malos, trigo y cizaña, todos coexistiendo en esa “red”. Una Iglesia “santa” formada por santos y pecadores; una Iglesia que está constantemente llamada a la conversión. El mismo Jesús nos enseñó que su mensaje está dirigido a todos. Por eso se juntaba con pecadores, aquellos que tenían más necesidad de “médico” (Cfr. Lc 5,31-32).

Y ahí está la ventaja del Reino. Los “peces malos” tenemos oportunidad de convertirnos en “peces buenos” si acudimos a la misericordia divina y nos dejamos arropar de su infinito Amor. Y si algo caracteriza a Jesús es su infinita paciencia. No importa si nos convertimos a última hora, tendremos la misma recompensa (Mt 11,1-26), seremos contados entre los “peces buenos”, entre los “benditos del padre” (Cfr. Mt 25,34). El problema estriba en que no sabemos el día ni la hora (Mt 24,36).  Si fuera hoy, ¿serías contado entre los “peces buenos”? De ti depende… Todavía estás a tiempo.

¿EXISTIÓ SAN VALENTÍN?

St. Valentine Icon

El 14 de febrero la Iglesia celebra la memoria de los santos Cirilo y Metodio, co-patrones de Europa. En muchos países también se celebra el día de san Valentín, santo patrono de los enamorados, que en tiempos más recientes, se ha secularizado y comercializado con el nombre de día del amor y la amistad. Pero… ¿Existió verdaderamente san Valentín? Y si existió, ¿quién era?

Aunque no está exento de controversia, generalmente se acepta que existió un sacerdote de ese nombre que vivió alrededor del siglo III en la ciudad de Roma. Cuenta la leyenda que el emperador romano Claudio II había prohibido las bodas entre jóvenes, por entender que los jóvenes solteros hacían mejores soldados, al no tener obligaciones familiares. Valentín no estuvo de acuerdo con ese decreto y casaba los jóvenes en secreto. De ahí que se le considere el santo patrón de los enamorados, pues se convertía en una especie de “cómplice” que les ayudaba a consumar su amor.

Cuando el emperador se enteró que Valentín estaba desafiando su decreto, lo mandó citar ante su presencia. Valentín acudió e intentó evangelizar al emperador. Esto eventualmente le costó la vida, pues fue martirizado el 14 de febrero del año 270, y canonizado por el Papa Gelasio I en o alrededor del año 496. Sus restos mortales se encuentran en la Basílica que lleva su nombre en la ciudad de Terni, en Italia, a donde acuden cada 14 de febrero numerosas parejas a formalizar su compromiso.

REFLEXIÓN PARA LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 01-11-15

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“Entonces oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero»” (Ap 7,4.9-10). Este pasaje, que forma parte de la primera lectura de hoy, es uno de mis favoritos de toda la Sagrada Escritura. Cada vez que lo leo no puedo evitar hacerme una imagen mental de la escena, con efectos audiovisuales y todo. Y como todo cristiano, mi aspiración, como debe ser la de todos, es llegar a formar parte de esa muchedumbre inmensa. Se me eriza la piel de tan solo imaginarlo.

Y esa lectura es muy apropiada para la Solemnidad de todos los Santos que celebramos hoy. Porque si bien la Iglesia nos propone como modelos y canoniza a unos que llamamos “Santos” y “Santas”, son cientos de miles los que componen esa multitud, “imposible de contar” que conforma el grupo de los elegidos, de los que han forjado su santidad a base de oración y amor al prójimo, a base del seguimiento de los pasos de Jesús.

Y de la misma manera en que la patria honra a los héroes anónimos de las grandes guerras con un monumento al “soldado desconocido”, así la Iglesia honra, mediante esta Solemnidad, la memoria de aquellos que vivieron y murieron en olor de santidad, y cuya obra pasó a veces desapercibida para la humanidad, mas no ante los ojos de Dios, quien recibió con agrado la oblación de sus vidas santas.

“Una sola cosa es necesaria” (Lc 10,42): la santidad personal. La santidad no es algo que está reservado a unas cuantas almas “privilegiadas”. Todos estamos llamados a ser “santos”. Dios no nos quiere buenos, nos quiere santos. Santa Teresita del Niño Jesús decía que “la santidad consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal”. Ya desde el Antiguo Testamento, Yahvé Dios dijo a su pueblo: “Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo” (Lv 19,2). Pablo llama “santos” a todos los cristianos de esas primeras comunidades; así, por ejemplo, le dice a los Corintios “que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro” (1 Cor 1,2).

Hoy mi alma reboza de alegría, porque la Iglesia universal honra la memoria de mi santa madre y mi padre ejemplar, que estoy seguro se encuentran de pie, ante el trono del Cordero, con sus vestiduras blancas y palmas en las manos, alabando y bendiciendo al Señor, intercediendo por mí y mi familia, mientras gritan con fuerte voz: “La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero”. ¡Santa Milagros y San Ernesto, rueguen por nosotros!

7 rasgos del Santo Nombre de la Virgen explicados por los santos

Rasgos Nombre Maria

12 Sep. 15 / 04:39 am (ACI).- A mediados del siglo XVIII los jansenistas empezaron a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición. San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, salió en defensa de la Madre de Dios y publicó su famoso libro “Las Glorias de María”.

En dicha obra, capítulo X, se leen 7 importantes rasgos del Santo Nombre de María que todo cristiano siempre debe recordar:

1.- Nombre Santo

“El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. Este nombre fue elegido por el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros”.

2.- Lleno de dulzura

“El glorioso San Antonio de Papua, reconocía en el nombre de María la misma dulzura que San Bernardo en el nombre de Jesús. ‘El nombre de Jesús’, decía éste; ‘el nombre de María’, decía aquél, ‘es alegría para el corazón, miel en los labios y melodía para el oído de sus devotos’… Se lee en el Cantar de los Cantares que, en la Asunción de María, los ángeles preguntaron por tres veces: ‘¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo? ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta que sube del desierto rebosando en delicias?’ (Ct 3, 6; 6, 9; 8, 5)”.

“Pregunta Ricardo de San Lorenzo: ‘¿Por qué los ángeles preguntan tantas veces el nombre de esta Reina?’ Y él mismo responde: ‘Era tan dulce para los ángeles oír pronunciar el nombre de María, que por eso hacen tantas preguntas’. Pero no quiero hablar de esta dulzura sensible, porque no se concede a todos de manera ordinaria; quiero hablar de la dulzura saludable, consuelo, amor, alegría, confianza y fortaleza que da este nombre de María a los que lo pronuncian con fervor”.

3.- Alegra e inspira amor

“Tu nombre, oh Madre de Dios –como dice San Metodio– está lleno de gracias y de bendiciones divinas. De modo que –como dice San Buenaventura– no se puede pronunciar tu nombre sin que aporte alguna gracia al que devotamente lo invoca. Búsquese un corazón empedernido lo más que se pueda imaginar y del todo desesperado; si éste te nombra, oh benignísima Virgen, es tal el poder de tu nombre –dice el Idiota– que él ablandará su dureza, porque eres la que conforta a los pecadores con la esperanza del perdón y de la gracia”.

4.- Da fortaleza

“Los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante”.

“Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras. Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan”.

5.- Promesas de Jesús

“Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides”.

“En suma, llega a decir San Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción”.

6.- Brinda consuelo

“San Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los nombres de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su biografía; repetía con tanta dulzura los nombres, tan amados por él, de Jesús y de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban”.

“Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes, con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos nombres de Jesús y de María, expiró el santo con una paz celestial”.

7.- Buena aventura

“Roguemos pues, mi devoto lector, roguemos a Dios nos conceda esta gracia, que en la hora de la muerte, la última palabra que pronunciemos sea el nombre de María, como lo deseaba y pedía San Germán”.

“Concluyamos con esta tierna plegaria de San Buenaventura: ‘Para gloria de tu nombre, cuando mi alma esté para salir de este mundo, ven tú misma a mi encuentro, Señora benditísima, y recíbela’. No desdeñes, oh María –sigamos rezando con el santo– de venir a consolarme con tu dulce presencia. Sé mi escala y camino del paraíso. Concédele la gracia del perdón y del descanso eterno. Y termina el Santo diciendo: ‘Oh María, abogada nuestra, a ti te corresponde defender a tus devotos y tomar a tu cuidado su causa ante el tribunal de Jesucristo’”.

Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/te-llamas-maria-7-rasgos-del-santo-nombre-de-la-virgen-explicados-por-los-santos-13077/

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS Y SANTAS DE LA ORDEN DE PREDICADORES 7 DE NOVIEMBRE

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La Familia Dominica celebra hoy, 7 de noviembre, la Fiesta de todos los santos y santas de la Orden de Predicadores. Hombre y mujeres, frailes, presbíteros, monjas de vida contemplativa, hermanas de vida apostólica, y laicos y laicas que han forjado su santidad siguiendo el carisma que nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán imprimió a nuestra Orden.

El número de santos y beatos de la Orden es de varios centenares, de los que un gran número fueron mártires en Extremo Oriente.

Te invito a visitar el portal de la Orden para conocer más sobre estos santos y santas:

http://www.dominicos.org/grandes-figuras/santos