REFLEXIÓN PARA EL JUEVES DE LA VIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (2) 23-08-18

El Evangelio de hoy (Mt 22,1-14) nos presenta otra de las parábolas del Reino. Esta vez Jesús compara el Reino con un banquete de bodas. En la lectura que contemplamos hoy, Jesús continúa enfatizando la apertura del Reino a todos por igual, sin distinción entre “malos y buenos”.

En esta ocasión el mensaje gira en torno a la invitación, al llamado, a la vocación (de latín vocatio, que a su vez se deriva de vocare = llamar) que todos recibimos para participar del “banquete” del Reino (nuestra vocación a la santidad), y la respuesta que damos a la misma.

Nos narra la parábola que un rey celebraba la boda de su hijo con un gran banquete y envió a sus criados a invitar a sus numerosos invitados y ninguno aceptó. Envió nuevamente a los criados, pero algunos convidados prefirieron atender sus asuntos (“uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios”), mientras los restantes mataron a los criados. Esto provocó que el rey montara en cólera y mandara matar a los asesinos e incendiar su ciudad.

Entonces el rey dijo a sus criados: “‘La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos”.

Esta parábola pone de relieve que normalmente cuando estamos satisfechos con lo que tenemos, no sentimos necesidad de nada más, ni siquiera de Dios. Y cuando recibimos su invitación, hay otras cosas que en ese momento son más importantes (mi trabajo, mi negocio, mis propiedades, mi familia, mi auto, mis diversiones). Está claro que la entrada al banquete del Reino requiere una invitación. Pero hay que aceptar esa invitación ahora, porque la mesa está servida, y lo que se nos ofrece es superior a cualquier otra cosa que podamos imaginar. Por eso Jesús nos dice: “El que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna” (Mt 19,29). Pero si algo caracteriza a Jesús es que nos invita pero no nos obliga.

Otra característica de la invitación de Jesús expresada en la parábola, es su insistencia. Él nunca se cansa de invitarnos, de llamarnos a su mesa (Cfr. Ap 3,20). Jesús quiere que TODOS nos salvemos. Por eso el rey recibió a todos, “malos y buenos”, hasta que “la sala de banquetes se llenó de comensales”.

Pero, como hemos dicho en ocasiones anteriores, la invitación de Jesús viene acompañada de lo que yo llamo la “letra chica”, las condiciones del seguimiento, que muchos encuentran “duras” (Cfr. Jn 6,60), por lo que optan por rechazar la invitación, mientras otros pretenden aceptar la invitación al banquete sin “vestirse de fiesta”. Ante estos últimos el rey dijo a sus criados: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. “Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Señor, dame la gracia para aceptar tu invitación con alegría sin que mis “asuntos” me impidan asistir “vestido de fiesta” para ser contado entre el grupo de los “escogidos” a participar del banquete de bodas del Cordero (Cfr. Ap 19,9).

INVITACIÓN A REFLEXIÓN CUARESMAL MARIANA – PARROQUIA EL BUEN PASTOR

¡Hoy es el día!

Aprovecha esta oportunidad para aprender y reflexionar sobre el rol protagónico de María en la Historia de la Salvación, especialmente en el Misterio Pascual que culmina el tiempo de Cuaresma.

¡Enamórate de María!

REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA TRIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (2) 29-10-16

Con olor a oveja...

Con olor a oveja…

La primera lectura de hoy está tomada de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (18b-26) que, como hemos dicho en otras ocasiones, fue escrita mientras Pablo estaba en prisión en Roma. Este pasaje nos presenta la actitud que debe tener el verdadero cristiano ante la adversidad, confiado en que el Señor dispone todo para nuestro bien (Cfr. Rm 8,28), incluyendo la pérdida de lo más preciado que tenemos: la libertad.

Por eso les dice a los de Filipos que se alegra de estar en prisión, y de su posible martirio: “yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre”. ¡Y pensar que a veces nos quejamos y apesadumbramos por nimiedades!

En el Evangelio (Lc 14,1.7-11), Jesús se percata que los convidados a la fiesta a la que había sido invitado se estaban peleando por los primeros puestos. En la cultura judía había todo un sistema de jerarquías que determinaba el orden en que las personas iban a sentarse en todos los lugares, desde el Templo hasta en la mesa de comer. ¡Cuántos de esos tenemos aún hoy día en nuestras comunidades!

Jesús, como siempre, aprovecha la oportunidad para proponerles una parábola: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a éste.” Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Esta enseñanza de Jesús está en la columna vertebral de su doctrina, y es un corolario del Amor. “El que quiera ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35; Mt 20,27)”. Él mismo la pondrá en práctica al lavarles los pies a sus discípulos (Jn 13,4-9), tarea reservada a los esclavos o a los siervos en su tiempo. Luego de la última cena, cuando los discípulos comienzan a discutir sobre quién debía ser considerado más grande, Jesús les amonesta diciendo: “Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor” (Lc 22,26).

Jesús nos invita a seguirle y hemos aceptado la invitación. El verdadero discípulo sigue al maestro, pero sobre todo imita al maestro. Jesús nos sienta la pauta. La pregunta obligada es: ¿Estás dispuesto(a) a seguirle?

Señor, líbranos de los falsos orgullos que nos llevan a crear “grupos” entre nuestra comunidad parroquial que excluyen a otros que consideran “inferiores”, ya bien sea por diferencias raciales, sociales, económicas, intelectuales o profesionales. Por el contrario, haznos acoger con sincera fraternidad a todos los miembros de nuestra comunidad, con el mismo amor con que Jesús nos acoge a nosotros.

Lindo fin de semana a todos; y no olviden visitar la Casa de Padre. En su Mesa hay lugar para todos…

Misa y Adoración del Santísimo conmemorando el 43 Aniversario del Grupo de Oración (Renovación Carismática) de la Parroquia El Buen Pastor

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Vayan separando la fecha y haciendo planes para asistir. Va a ser una experiencia inolvidable. Acompañemos a nuestros hermanos del Grupo de Oración de nuestra Parroquia que oran por todos nosotros y por nuestros sacerdotes.

Todo el Pueblo de Dios está cordialmente invitado a compartir con nuestra comunidad.

RETIRO PREPARATORIO PARA VIGILIA DE PENTECOSTÉS 13-05-16

Te invitamos a acompañarnos el próximo viernes, 13 de mayo de 2016 en esta actividad que nos preparará para el gran evento de Pentecostés, auspiciada por la Parroquia Nuestra Señora de la Monserrate, en Jayuya.

Veni Sancte Spiritus!

¡ESPÍRITU SANTO, VEN A NOSOTROS!

Actividad Parroquial Hector Marquez (1)

REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA SEMANA XXXI DEL T.O. (1) 03-11-15

Banquete del Reino

El Evangelio de hoy (Lc 14,15-24) nos presenta a Jesús en el mismo banquete sobre el que leíamos ayer. La mesa es un lugar que se presta a la conversación, al diálogo, y los relatos evangélicos nos muestran a Jesús compartiendo la mesa en muchas ocasiones. De hecho, uno de los temas de estudio en la Cristología es “las comidas de Jesús”. En la lectura que contemplamos hoy, Jesús continúa enfatizando la apertura del Reino a todos por igual, mostrando su preferencia por los menos favorecidos de la tierra.

En esta ocasión el mensaje gira en torno a la invitación, al llamado, a la vocación (del latín vocatio, que a su vez se deriva del verbo vocare = llamar) que todos recibimos para participar del “banquete” del Reino (el llamado a la santidad), y la respuesta que damos a la misma.

Nos narra la parábola que un hombre daba un gran banquete y envió a su criado a invitar a sus numerosos invitados. Pero todos ponían diferentes excusas para no aceptar la invitación: negocios (“mis bueyes”), familia (“mi esposa”), propiedades (“mi campo”). Entonces el dueño de la casa dijo a su criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. Como todavía quedaba lugar en la mesa, el dueño instruyó nuevamente a su criado: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa”.

Esta parábola pone de relieve que normalmente cuando estamos satisfechos con lo que tenemos, no sentimos necesidad de nada más, ni siquiera de Dios. Y cuando recibimos su invitación, hay otras cosas que en ese momento son más importantes (mi trabajo, mi negocio, mis propiedades, mi familia, mi auto, mis diversiones). Está claro que la entrada al banquete del Reino requiere una invitación. Pero hay que aceptar esa invitación ahora, porque la mesa está servida, y lo que se nos ofrece es superior a cualquier otra cosa que podamos imaginar. Por eso Jesús nos dice: “El que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna” (Mt 19,29). Pero si algo caracteriza a Jesús es que nos invita pero no nos obliga.

Otra característica de la invitación de Jesús expresada en la parábola, es su insistencia. Él nunca se cansa de invitarnos, de llamarnos a su mesa (Cfr. Ap 3,20). Por eso, cuando después de recibir a todos los marginados de la sociedad queda sitio en la mesa, instruye a su emisario que busque nuevamente a todos: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa”. Jesús quiere que TODOS nos salvemos.

Esa insistencia, esa vehemencia en la invitación, debería ser también característica de la Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo, y nos permite tener aquí en la tierra un atisbo, un anticipo, de lo que ha de ser el banquete de bodas del Cordero. Y esa invitación debería estar abierta a todos por igual, incluyendo a los pobres, a los que sufren, a los que lloran (Cfr. Mt 5,1-12).

Señor, dame la gracia para aceptar tu invitación con alegría sin que mis “asuntos” me impidan estar siempre presto a responder.

REFLEXIÓN PARA EL SÁBADO DE LA TRIGÉSIMA SEMANA DEL T.O. (1) 31-10-15

el-pan-de-la-unidad

En el Evangelio de hoy (Lc 14,1.7-11) Jesús se percata que los convidados a la fiesta a la que había sido invitado se estaban peleando por los primeros puestos. En la cultura judía había todo un sistema de jerarquías que determinaba el orden en que las personas iban a sentarse en todos los lugares, desde el Templo hasta en la mesa de comer. ¡Cuántos de esos tenemos aún hoy día en nuestras comunidades!

Jesús, como siempre, aprovecha la oportunidad para proponerles una parábola: “Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a éste.” Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Esta enseñanza de Jesús está en la columna vertebral de su doctrina, y es un corolario del Amor. “El que quiera ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35; Mt 20,27)”. Él mismo la pondrá en práctica al lavarles los pies a sus discípulos (Jn 13,4-9), tarea reservada a los esclavos o a los siervos en su tiempo. Luego de la última cena, cuando los discípulos comienzan a discutir sobre quién debía ser considerado más grande, Jesús les amonesta diciendo: “Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor” (Lc 22,26).

Jesús nos invita a seguirle y hemos aceptado la invitación. El verdadero discípulo sigue al maestro, pero sobre todo imita al maestro. Jesús nos sienta la pauta. La pregunta obligada es: ¿Estás dispuesto(a) a seguirle?

Señor, líbranos de los falsos orgullos que nos llevan a crear “grupos” entre nuestra comunidad parroquial que excluyen a otros que consideran “inferiores”, ya bien sea por diferencias raciales, sociales, económicas, intelectuales o profesionales. Por el contrario, haznos acoger con sincera fraternidad a todos los miembros de nuestra comunidad, con el mismo amor con que Jesús nos acoge a nosotros.

Lindo fin de semana a todos; y no olviden visitar la Casa de Padre. En su Mesa hay lugar para todos…