REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (B) 25-03-18

Hoy celebramos el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, y la liturgia nos ofrece como lectura evangélica para la Bendición de los ramos (Mc 11,1-10) la versión de Marcos de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, mientras la multitud le vitoreaba gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!”. Esa misma multitud anónima que recibió a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén es la misma que, en el Evangelio propio de la misa dominical (Mc 15,1-39), que nos presenta un adelanto de la Pasión, pide que liberen a Barrabás mientras todos gritan a viva voz: “¡Crucifícalo!; ¡Crucifícalo!”

Si comparamos la actitud de esa multitud anónima en ambas lecturas, vemos cuán volubles y manejables son las masas. Lo mismo podemos decir de nosotros. En un momento estamos alabando y bendiciendo al Señor mientras le recibimos en nuestros corazones, y al siguiente nos dejamos seducir por el maligno y terminamos dándole la espalda y “crucificándole”. Sí, cada vez que pecamos, estamos dando un martillazo en uno de los clavos que taladraron las manos y los pies de Jesús. Pero Él nos ama tanto que aun así ofreció su vida por los que lo asesinaron. “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5,8).

Esta Semana Santa que comienza hoy nos presenta otra oportunidad de hacer introspección, examen de conciencia sobre nuestra actitud hacia Dios. ¿A cuál de las dos multitudes pertenezco?

Hoy se nos entregarán unos ramos benditos durante la celebración litúrgica. Unos ramos frescos, llenos de vida. Esos ramos eventualmente van a secarse, y luego serán quemados para convertirse en la ceniza que se nos va a imponer el miércoles de ceniza del próximo año. Así de efímera es nuestra vida, y en eso nos vamos a convertir. Hoy se nos brinda otra oportunidad. No sabemos si vamos a estar aquí el próximo año, el próximo mes, la próxima semana, mañana. Esta noche… ¿En cuál de las multitudes nos sorprenderá?

Jesús nos ama con locura, con pasión; quiere relacionarse con nosotros; quiere nuestra salvación, para eso nos creó el Padre, por eso cuando le fallamos envió a su Hijo. Pero, como nos decía el P. Larrañaga, “Dios es un perfecto caballero”, es incapaz de imponerse. “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

Jesús se ofreció a sí mismo como víctima propiciatoria por todos los pecados de la humanidad, cometidos y por cometer; los tuyos y los míos. Pero para poder recibir el beneficio de esa redención tenemos que acercarnos a Él, reconocerle, y reconocer nuestra culpa como lo hizo el buen ladrón. Y para eso Jesús nos dejó el sacramento de la reconciliación, y se lo encomendó a Su Iglesia a través de los apóstoles (Jn 20,22-23).

Si no la has hecho aún, esta Semana Santa es el momento propicio; ¡reconcíliate!

REFLEXIÓN PERSONAL PARA LA DESPEDIDA DEL AÑO 2016

Hoy finaliza un año más en la historia de la humanidad. Al filo de la medianoche pasamos la página para dar paso a un nuevo año lleno esperanzas, ilusiones, proyectos y, ¿por qué no?, incertidumbres… Para mí, el año que concluye fue uno lleno de muchas y grandes pruebas, pero de igual modo lleno de bendiciones y muestras de la Misericordia de Dios.

Este año se caracterizó también por estar enmarcado en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia decretado por el papa Francisco, cuyo lema fue: Misericordiosos como el Padre, tomado de Lc 6,36: “Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso”.

Jesús nos invita a ser misericordiosos como el Padre, y durante los tres días previos a la clausura del Jubileo el papa Francisco nos dejó tres mensajes a través de su cuenta de Twitter @Pontifex que recogen la esencia del año jubilar, proyectándonos también hacia el futuro:

  • No basta con experimentar la misericordia de Dios en la propia vida; también es necesario ser instrumento de misericordia para los demás.
  • ¡Si quieren un corazón lleno de amor, sean misericordiosos!
  • La misericordia de Dios para con nosotros está ligada a nuestra misericordia hacia el prójimo.

Durante el año jubilar de la Misericordia descolló la figura del padre misericordioso en la parábola conocida como la parábola del hijo pródigo. Pero en esa parábola hay otros personajes de los que casi nadie habla: los siervos del padre. No hay duda que el padre fue misericordioso perdonando al hijo que regresaba arrepentido, pero encargó a sus siervos llevar a cabo los gestos, las obras de misericordia que le devolverían la dignidad a ese hijo: “Traigan aprisa el mejor vestido y vístanle, pónganle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies” (Lc 15,22). Es lo que Jesús nos pide continuamente a través de su Palabra; que nos convirtamos en instrumentos de Su misericordia.

Al finalizar cada año o evento importante en nuestras vidas acostumbramos “pasar balance”, hacer introspección, para identificar los frutos así como las fallas en que podamos haber incurrido. Como señalamos al comienzo de esta reflexión, hoy cerramos un año calendario especial que estuvo matizado por el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que impacta, no solo la historia de la Iglesia, sino también nuestra historia personal.

Por eso hoy les invito a hacer introspección preguntándonos: ¿Cómo viví el Año de la Misericordia? ¿Me abrí a la Misericordia de Dios en el sacramento de la reconciliación? ¿Practiqué las obras de misericordia, corporales y espirituales? ¿En qué fallé?

Sin duda muchos hemos fallado pero, en lo que respecta al año que está por comenzar, lo mejor es que la misericordia de Dios es eterna (Sal 136), que Él nunca se cansa de esperarnos (Cfr. Ap 3,20)… Como nos dice el libro de las Lamentaciones: “La misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien se renuevan cada mañana” (Lm 3,22-23).

Por eso, cuando esta noche celebremos la llegada del nuevo año, pidamos a nuestro Señor que en el año que comienza nos permita conocerlo cada día más a través de su Misericordia infinita para con nosotros, y a reciprocar esa misericordia en la persona de nuestro prójimo. Esa petición es mi “resolución” para el año que está a punto de comenzar. Te invito a hacerla tuya también. Te garantizo que tendrás un FELIZ AÑO 2017.

Por cierto mañana, 1ro de enero, honramos a la que lo hizo todo posible con su “hágase”, en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. No olvides visitarla en la Casa de su Hijo; ella te espera para prodigarte el mismo amor que derramó sobre su Hijo.

¡FELIZ AÑO NUEVO!