REFLEXIÓN PARA EL VIERNES 04-01-19 – TIEMPO DE NAVIDAD

Evangelio, Jn 1,35-42 Vieron donde vivía y se quedaron con Él.

La Liturgia continúa llevándonos de la mano a través del tiempo de Navidad, y la lectura evangélica (Jn 1,35-42), de hoy nos presenta la vocación de los primeros discípulos. En el caso de estos, el llamado no comienza directamente de boca de Jesús. Muchas veces Jesús se vale de personas para llamarnos; por eso tenemos que estar atentos a la voz de nuestros hermanos. En este caso se valió de Juan el Bautista, quien les señala la persona de Jesús y les dice: “Éste es el Cordero de Dios”. Tal fue la impresión que causó la presencia de Jesús en estos discípulos, que nos cuenta la escritura que: “los dos discípulos oyeron (las) palabras (de Juan) y siguieron a Jesús”. Cada vez que leo la vocación de cada uno de los discípulos de Jesús trato de imaginarme su mirada penetrante, su carisma, su magnetismo, imposible de resistir. Un encuentro que provoca un seguimiento…

Seguimiento que a su vez provoca las primeras palabras de Jesús en las Sagradas Escrituras: “¿Qué buscáis?”. Pudo haberles preguntado sus nombres, hacia dónde se dirigían, por qué le seguían… No olvidemos que Jesús es Dios, que conoce nuestros pensamientos. Él sabía lo que buscaban. Tan solo quería una confirmación; no para Él, sino para ellos mismos.  Eso me hace preguntarme a mí mismo: ¿Busco yo seguir a Jesús? Si Jesús me preguntara: “Y tú, ¿qué buscas?” ¿Qué le contestaría?

Los discípulos le contestaron con otra pregunta: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?” Pregunta que implica un deseo de seguirlo, conocerlo mejor, permanecer con Él. Es ahí que se produce el llamado (vocación) de labios de Jesús: “Venid y lo veréis”. Nos dice el Evangelio que entonces los discípulos “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día”. Tal fue la impresión que esa experiencia causó en el evangelista, que hasta recuerda la hora: “serían las cuatro de la tarde”.

Me pregunto sobre qué les habrá hablado Jesús durante esa tarde. Se me ocurren dos temas obligados: el Reino (Lc 4,43) y el Amor (Mc 12,28-31). Siempre pienso en la mirada de Jesús, trato de imaginarla…, y se me eriza la piel… Lo cierto es que tan impresionados quedaron los discípulos con la experiencia de Jesús, que tan pronto salieron, uno de ellos, Andrés, encontró a su hermano Simón y no pudo contenerse. Antes de saludarle, como impulsado por un celo inexplicable exclama: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)”.

Esa es la conducta de todo el que ha tenido un encuentro personal con Cristo. Hemos sido arropados por su Amor, y ese amor nos obliga a compartirlo, a proclamarlo, a anunciarlo a todos. ¿Siento yo ese deseo incontrolable de compartir mi experiencia de Jesús con todo el que se cruza en mi camino? Si no lo siento, tengo que preguntarme: ¿He tenido real y verdaderamente un encuentro con Jesús? ¿Me he abierto a su Amor incondicional?

Hace apenas unos días celebrábamos el nacimiento del Niño Dios. La próxima pregunta obligada es: ¿Le he permitido “nacer” en mi corazón?

GOTITAS DEL SABER: ¿SABES EL SIGNIFICADO DEL SÍMBOLO DEL PEZ QUE UTILIZAMOS LOS CRISTIANOS?

Muchos de nosotros exhibimos en nuestros autos, o en las cubiertas de nuestras Biblias, o vemos en objetos sagrados, la imagen de un pez (muchas veces con el nombre Jesús adentro). Pero, ¿sabes de dónde proviene ese símbolo y cuál es su verdadero significado?

Desde el siglo II la Iglesia tomó la palabra griega ΙΧΘΥΣ, pronunciada ichthys, que significa pez, como símbolo de Cristo. Al mismo tiempo las letras de la palabra son las iniciales de las palabras: Iesous Christos Theou Yios Soter: I = Iesous (Jesús), Ch = Christos (Cristo), Th = Theou (Dios), Y = Yios (Hijo), y S =Soter (Salvador); es decir: “Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador“.

El símbolo del pez y el críptico fueron adoptados por los cristianos de la Iglesia Primitiva para representar a Jesucristo y manifestar su adhesión a la fe en tiempos de persecución.

Los cristianos, siendo minoría en un mundo pagano, tenían sus propios símbolos para identificarse y avivar su fe. En el pez (Ichthys), encontraban la profesión de fe, la razón por la que adoraban a Jesús y estaban dispuestos a morir.

Los creyentes son “pequeños peces”, según el conocido pasaje de Tertuliano (De baptismo, c. 1): “Nosotros, pequeños peces, tras la imagen de nuestro Ichthys, Jesús Cristo, nacemos en el agua”.  Una alusión al bautismo. El cristiano no solo murió y nació de nuevo en el bautismo sino que vive de las aguas del bautismo, es decir, en la gracia del Espíritu Santo.  El cristiano que se aparte de la vida de estas aguas muere.  Como un pez muere al salir del agua, el cristiano muere si se deja seducir por la mente del mundo.

El símbolo del pez puede que haya sido inspirado por la multiplicación milagrosa de panes y peces, o por los peces que Jesús Resucitado compartió con sus discípulos (Jn 21, 9).  Al llamar a sus discípulos Jesucristo les dijo: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres».  Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. -Mateo 4,19-20.

(Adaptado de http://www.corazones.org/diccionario/pez.htm)